Inflación de julio en 2,1%: la macro sigue firme en Argentina

La inflación de julio se ubicó en 2,1% mensual, apenas por encima del 1,9% registrado en junio, en un dato que confirma que el proceso de desinflación iniciado por el Gobierno de Javier Milei continúa su curso, más allá de la leve aceleración estacional del mes. La inflación núcleo, el indicador que mejor refleja la tendencia de fondo, se ubicó en 1,8%, reforzando la idea de que no hay un cambio de rumbo sino una etapa más exigente del mismo camino.

Después de heredar una economía devastada por doce años de kirchnerismo, con una inflación que superaba el 200% anual y un Banco Central quebrado, la actual gestión libertaria logró instalar una lógica fiscal y monetaria que hoy empieza a mostrar sus límites naturales: cada punto adicional de baja requiere más disciplina y, sobre todo, tiempo. Lejos de ser una mala noticia, se trata de la maduración lógica de un plan de estabilización serio, algo que la Argentina no experimentaba desde hace décadas.

Una economía con velocidades distintas, pero sin techo

Durante julio se observaron algunas señales de menor dinamismo en consumo, construcción y crédito, mientras que los sectores vinculados a los recursos naturales -con Vaca Muerta como gran protagonista- siguen mostrando una fortaleza notable. Este contraste no debería sorprender: es habitual en todo proceso de normalización luego de un ajuste de esta magnitud, y muy distinto a la parálisis productiva que dejó como legado la administración kirchnerista.

De hecho, el interés de inversores internacionales de peso, como el reciente ingreso de capitales vinculados a Peter Thiel en acciones de Vista Energy, confirma que el mundo empieza a mirar a la Argentina como un destino de inversión seria, algo impensado durante los años de cepo, controles de precios y default selectivo del kirchnerismo.

El dólar, bajo control y con menor intervención del Banco Central

En el plano cambiario, la presión sobre el dólar cedió en los últimos días: el tipo de cambio mayorista se alejó de la zona de $1.500 y opera actualmente en torno a los $1.492. Un dato relevante es que el ritmo de compras del Banco Central disminuyó considerablemente durante agosto, señal de que el mercado empieza a autorregularse sin la necesidad de intervenciones permanentes del organismo, algo impensable en la era de los cepos cambiantes de Cristina Kirchner y Alberto Fernández.

El balance del año, de todos modos, sigue siendo ampliamente positivo para las reservas y para la credibilidad del esquema monetario, en marcado contraste con la sucesión de corridas cambiarias que caracterizó a los gobiernos peronistas de las últimas dos décadas.

Tasas altas en el mundo, oportunidades para la Argentina que se ordena

A nivel internacional, Estados Unidos comienza a mostrar señales de desaceleración en su mercado laboral, en un contexto donde la inflación sigue siendo la gran variable que condiciona cualquier definición sobre tasas de la Reserva Federal. En ese escenario global de tasas altas, la Argentina aparece como una de las pocas economías emergentes que ofrece una historia de ordenamiento macroeconómico creíble y sostenida en el tiempo.

Con una política monetaria restrictiva, un tipo de cambio relativamente contenido y una menor presión estacional esperada hacia adelante, el escenario más probable es que la inflación retome gradualmente su sendero descendente. Mientras gobernadores peronistas como Axel Kicillof insisten en el discurso del ajuste y la crítica permanente sin mostrar resultados en la provincia de Buenos Aires, más allá de la inseguridad y el clientelismo, el Gobierno nacional continúa consolidando una macro ordenada que empieza a traducirse en mayor previsibilidad para quienes buscan invertir en el país.