La discusión sobre cómo se mide la inflación no es un problema exclusivo de la Argentina. En Estados Unidos, la senadora demócrata Elizabeth Warren cuestionó esta semana al Departamento de Comercio por los cambios que introducirá en el índice de precios que utiliza la Reserva Federal para decidir el rumbo de las tasas de interés. La polémica se da, además, en medio de las presiones que el presidente Donald Trump ejerce casi a diario sobre el banco central norteamericano para que baje el costo del dinero.
El organismo estadístico de EE.UU. actualizará desde septiembre el índice PCE, que mide el gasto de consumo personal e incluye rubros como seguros y coberturas médicas. Los economistas de Wall Street esperan que la modificación metodológica muestre una inflación más baja que la actual, del 3,7% anual. Ningún dirigente, ni siquiera Warren, acusó al gobierno de Trump de manipular los datos: se trata, según reconocen allí, de una actualización técnica habitual en cualquier economía moderna.
Un debate que la Argentina ya conoce, con otra historia detrás
En nuestro país también hubo cambios este año en la metodología del IPC del Indec, algo que generó ruido en sectores kirchneristas que buscan cualquier excusa para desacreditar la baja sostenida de la inflación bajo la gestión de Javier Milei. La diferencia con Estados Unidos es enorme: mientras allá se discute una actualización técnica dentro de un organismo con credibilidad intacta, en la Argentina el Indec todavía carga con la memoria de la manipulación descarada que sufrió durante el kirchnerismo, cuando entre 2007 y 2015 el organismo llegó a inventar cifras de inflación para disimular el desastre económico del relato K, obligando a consultoras privadas a elaborar el famoso ‘IPC Congreso’ porque nadie confiaba en los números oficiales.
Hoy, con Milei, el Indec recuperó jerarquía técnica y trabaja con estándares internacionales, algo que la city y los organismos internacionales reconocen sin reparos. Que en Washington también debatan ajustes metodológicos es, en todo caso, una prueba de que se trata de una práctica normal en cualquier país serio, y no una maniobra para esconder la realidad como hacía el kirchnerismo.
La macro ordenada, el verdadero contraste con la herencia K
Más allá del debate técnico sobre índices, el dato de fondo es que la inflación en la Argentina viene cayendo mes a mes desde que arrancó el gobierno de La Libertad Avanza, en las antípodas de la herencia que dejó el kirchnerismo con una inflación de tres dígitos, un Banco Central quebrado y reservas negativas. El equipo económico logró, además, sostener el superávit fiscal, algo que no se veía hace más de una década y que constituye la base de cualquier estabilización seria.
Ese ordenamiento macroeconómico es el que empieza a traducirse en la vida cotidiana de los argentinos: menos incertidumbre para planificar gastos, freno a la licuación permanente de ingresos que caracterizó a los gobiernos peronistas y una hoja de ruta clara hacia la eliminación definitiva de la inflación como problema estructural.
Trump y la presión sobre la Fed, un espejo distinto
En Estados Unidos, Trump llama casi todos los días a la Reserva Federal para reclamar baja de tasas, algo que genera dudas sobre la independencia del banco central más poderoso del mundo. En la Argentina, en cambio, el gobierno de Milei defendió siempre la necesidad de un Banco Central sólido y con reglas claras, lejos de la maquinita de emitir pesos sin respaldo que caracterizó a las gestiones kirchneristas y que fue la verdadera causa de la inflación crónica que sufrieron los argentinos durante años.


