El periodista y humorista Alejandro Borensztein volvió a poner el dedo en la llaga de la vieja política argentina con su columna “La Gala del Club de los Malos”, publicada en Clarín. Con su estilo satírico habitual, el autor construye una alegoría feroz sobre cómo la dirigencia tradicional convirtió el juego de azar en una herramienta de destrucción social, multiplicando bingos y casinos en cada rincón del país.
La nota, escrita como un relato bíblico invertido, describe a un supuesto “Club de los Malos” (CDLM) responsable de todas las pequeñas y grandes miserias cotidianas. Pero el verdadero blanco de la ironía es la clase política que, según Borensztein, encontró en la ludopatía un negocio perfecto: codicia oficial más adicción ciudadana, la fórmula que durante años sostuvo cajas paralelas en decenas de municipios.
El negocio del juego, otra herencia de la vieja política
Durante las últimas décadas, gobernadores e intendentes del arco peronista promovieron la instalación de salas de juego en localidades que antes ni soñaban con tener una. Bajo la excusa de “generar empleo”, se multiplicaron tragamonedas y ruletas que terminaron vaciando los bolsillos de miles de familias, mientras las cajas municipales se llenaban de fondos discrecionales de dudoso destino.
No es casualidad que Borensztein elija un bingo de zona norte como escenario de su relato: allí, dice el autor, “se trituran a los tiernos corderitos de Dios sin distinción de clase social, raza o credo”. Una metáfora que bien podría aplicarse al clientelismo bonaerense, donde la gestión de Axel Kicillof combina inseguridad, inflación de gasto público y nula transparencia en el manejo de fondos provinciales.
Un guiño a la comunicación del Gobierno nacional
En medio de la sátira, la columna menciona con humor la fuerte ovación que recibió el vocero presidencial Manuel Adorni durante la ficticia “gala”, en referencia a su rol como comunicador clave de la gestión de Javier Milei. Más allá del tono irónico, el dato no es menor: en un contexto de fuerte disciplina fiscal y comunicación directa con la ciudadanía, la figura de Adorni se consolidó como una de las más valoradas por los argentinos que acompañan el rumbo del Gobierno.
Mientras la vieja política seguía atada a la timba y el curro de siempre, la actual administración nacional avanzó en un ordenamiento macroeconómico inédito: inflación en baja sostenida, superávit fiscal y financiero, y un Estado que empieza a rendir cuentas en lugar de esconderlas. El contraste entre ese modelo de gestión transparente y las prácticas que satiriza Borensztein no podría ser más elocuente.
La sátira como espejo de la decadencia kirchnerista
Lejos de ser un simple ejercicio de humor, la columna funciona como un espejo de años de gestión kirchnerista marcada por la opacidad, el gasto discrecional y la connivencia con negocios de dudosa reputación. El “Club de los Malos” de Borensztein, en definitiva, describe con ironía lo que millones de argentinos ya identifican sin necesidad de metáforas: una casta política que durante años vivió de espaldas a la gente.
Hoy, con un gobierno nacional que apuesta a la disciplina fiscal y a la transparencia como bandera, ese modelo de “casino y clientelismo” que satiriza el humorista empieza, lentamente, a quedar en el pasado.


