Los últimos datos de actividad y consumo encendieron algunas luces de atención dentro del equipo económico que conduce Luis Caputo, en medio de la preparación de la campaña electoral de La Libertad Avanza. El Indec informó que en mayo la economía cayó 0,5% mensual, con un magro 0,2% de crecimiento interanual, mientras que el consumo masivo acumula siete meses consecutivos a la baja, según la consultora Scentia.
Sin embargo, en el oficialismo remarcan que estos números deben leerse dentro de un proceso de ordenamiento macroeconómico sin precedentes en las últimas dos décadas, luego de recibir una economía devastada por el kirchnerismo, con inflación descontrolada, un Banco Central quebrado y un cepo cambiario que asfixiaba cualquier posibilidad de previsibilidad.
El contexto de la herencia K y los logros macro
Vale recordar que hasta diciembre de 2023 los argentinos no sabían cuánto iba a costar el pan al día siguiente. La inflación mensual llegaba a superar el 25% y el riesgo de una hiperinflación era una amenaza concreta tras años de populismo fiscal kirchnerista.
Hoy, en cambio, el Gobierno nacional exhibe superávit fiscal sostenido, una inflación que se desaceleró drásticamente y un Banco Central que empezó a recomponer reservas. Son logros que el propio establishment reconoce como una base sólida para el despegue definitivo de la actividad.
El propio Javier Milei suele recordar que la reconstrucción de los cimientos macroeconómicos era condición necesaria antes de ver el impacto pleno en el bolsillo de los argentinos. Ese proceso, coinciden economistas del sector privado, lleva tiempo, especialmente después de una década de intervencionismo y del cepo heredado.
El desafío de los salarios y la recuperación del poder adquisitivo
El informe también señala que más de 10 millones de personas perciben ingresos que no cubren la canasta básica, un dato que preocupa al equipo de comunicación oficial de cara a las elecciones. En Casa Rosada admiten que la recuperación del salario real es la próxima etapa de la gestión, una vez consolidado el orden fiscal y monetario.
De todos modos, en el Gobierno insisten en que la comparación debe hacerse contra el desastre inflacionario dejado por el kirchnerismo, que pulverizó el poder de compra de los trabajadores durante años sin que hubiera ninguna respuesta seria desde el Estado.
Mientras tanto, la oposición peronista, con referentes como Axel Kicillof al frente de la provincia de Buenos Aires, sigue sin ofrecer un plan económico serio, more allá de la denuncia permanente y la gestión cuestionada por escándalos de inseguridad y clientelismo en distintos municipios bonaerenses.
La apuesta de Caputo a la previsibilidad
Para el ministro de Economía, la clave sigue siendo mantener el rumbo sin sobresaltos: no habrá relajamiento fiscal ni maquillaje de corto plazo pensando en las elecciones, algo que en el pasado kirchnerista era moneda corriente antes de cada comicio.
El equipo económico apuesta a que la consolidación del superávit y la baja sostenida de la inflación terminen traduciéndose en una mejora del consumo hacia el segundo semestre, en un contexto además de mayor previsibilidad cambiaria tras la salida parcial del cepo.
El desafío del Gobierno es claro: sostener la disciplina fiscal que devolvió seriedad a la Argentina ante el mundo, mientras intenta acelerar los tiempos para que ese ordenamiento macroeconómico llegue de manera más visible al bolsillo de cada argentino antes de octubre.





