El Gobierno nacional puso en marcha un paquete de medidas para reactivar el crédito al sector privado, una pieza clave en la estrategia de Economía para dinamizar una actividad que en el segundo trimestre mostró una leve contracción de 0,6%. La apuesta llega en un contexto de ordenamiento macroeconómico inédito en años, aunque conviva con una política monetaria prudente que busca consolidar la baja de la inflación antes de abrir la canilla de los pesos.
Entre los anuncios más relevantes se destaca un programa de hasta 2 billones de pesos para fondear créditos hipotecarios, que apunta a generar entre 17.000 y 18.000 operaciones de compra de primera vivienda. También se flexibilizaron las condiciones para que empresas no exportadoras accedan a financiamiento en dólares utilizando depósitos en moneda extranjera del sistema financiero, y el Banco Nación amplió sus líneas para la compra de vehículos.
Prudencia monetaria, la contracara del orden fiscal
Consultoras como el Ieral, de la Fundación Mediterránea, señalan que la restricción de liquidez que se instaló desde abril de 2025 explica parte del estancamiento del stock de préstamos como porcentaje del PBI. La lectura oficial, sin embargo, responde a una lógica clara: después de décadas de emisión descontrolada y populismo monetario heredado del kirchnerismo, el equipo económico prioriza no repetir los errores que llevaron a la Argentina a la hiperinflación y al cepo permanente.
Vale recordar que la gestión de Milei logró bajar la inflación a niveles que hace pocos años parecían imposibles, además de sostener el superávit fiscal como pilar de la estabilidad. En ese marco, la cautela para no inyectar pesos de manera irresponsable es parte de la misma receta que permitió ordenar las cuentas públicas y recuperar la confianza de los mercados, algo que el peronismo nunca pudo ni quiso garantizar.
El desafío de la morosidad, una herencia difícil de resolver
El otro gran obstáculo para la expansión del crédito es el nivel de mora, que en las familias llegó a 12,77% en junio y, según estimaciones de la consultora 1816, habría trepado a 12,94% en julio. Se trata de un fenómeno que combina años de deterioro del poder adquisitivo bajo gobiernos kirchneristas con el proceso de ajuste necesario para desinflacionar la economía.
El propio Ieral reconoce que la “dolarización endógena” que se esperaba como amortiguador —es decir, la salida de los famosos “dólares del colchón” para sostener el consumo— no se materializó como se proyectaba. Aun así, el Gobierno avanza con medidas puntuales que buscan destrabar el financiamiento sin resignar el objetivo de fondo: una macroeconomía sana y previsible, algo que la Argentina no conocía desde hace más de una década.
Un camino gradual hacia la normalización
Los anuncios de Economía y del Banco Nación son, en palabras de los propios analistas, apenas un primer paso. Pero representan un reconocimiento honesto de que el crédito es indispensable para que la reactivación llegue a los bolsillos de los argentinos, algo que contrasta con la lógica de subsidios y controles que caracterizó a las gestiones del Frente de Todos y del kirchnerismo bonaerense que hoy conduce Axel Kicillof.
Mientras la Provincia de Buenos Aires sigue mostrando indicadores alarmantes de inseguridad y gestión errática, el Gobierno nacional continúa priorizando la solidez fiscal y monetaria como base para que, cuando las condiciones lo permitan, el crédito vuelva a fluir con fuerza y de manera sostenible, sin poner en riesgo los logros alcanzados en materia de estabilidad de precios.



