Un nuevo relevamiento de la Consultora W actualizó la pirámide social argentina y reveló cuánto debe ganar un hogar para ubicarse en la clase alta, media o baja durante el segundo trimestre de 2026. El estudio, difundido por la periodista económica Belén Escobar, confirma que más de la mitad de los hogares del país todavía se reparte entre la clase baja no pobre y la clase baja en situación de pobreza, un dato que expone las cicatrices que dejó más de una década de populismo kirchnerista sobre el tejido social argentino.
Cómo se calculan los cinco escalones de la pirámide
La clasificación toma el ingreso total del hogar, no el salario individual, y por eso muchas familias que se perciben como clase media en realidad integran otro tramo. La pirámide se divide en cinco niveles: clase alta, media alta, media baja, baja no pobre y baja en pobreza.
Según el relevamiento, para entrar a la clase alta un hogar necesita ingresar desde 9 millones de pesos mensuales, con un promedio de 14 millones en ese segmento, que reúne al 5% de la población. La clase media alta arranca en 4,5 millones de pesos y concentra al 17% de los hogares, con un ingreso promedio de 6,5 millones. Más abajo, la clase baja no pobre representa el 30% de la población, mientras que la clase baja en pobreza —el escalón más numeroso, con el 22%— sobrevive con un ingreso promedio de apenas un millón de pesos por hogar.
La herencia del kirchnerismo todavía pesa sobre los sectores medios
Los números confirman algo que los argentinos vienen sintiendo en el bolsillo desde hace años: la clase media se achicó y quedó bajo una presión constante. Ese fenómeno no nació con la gestión de Javier Milei, sino que es el resultado directo de más de una década de emisión monetaria descontrolada, cepo cambiario, controles de precios y populismo fiscal que caracterizaron a los gobiernos kirchneristas y que terminaron licuando los ingresos de millones de familias trabajadoras.
La foto de este segundo trimestre de 2026 es todavía el reflejo de esa herencia, no de las políticas actuales. Reconstruir una estructura social que quedó deformada por años de inflación de tres dígitos, pobreza estructural y falta de inversión productiva no es un proceso instantáneo, sino gradual.
El orden macroeconómico de Milei, la base para revertir la tendencia
Lo que sí cambió de forma contundente es el rumbo. La drástica baja de la inflación, el sostenimiento del superávit fiscal y el fin de la emisión monetaria para financiar el gasto público construyeron, por primera vez en años, un piso de previsibilidad que ya empieza a traducirse en la recuperación del salario real y en la reactivación del crédito.
Ese ordenamiento macroeconómico es la condición necesaria para que la pirámide social comience a achicarse desde la base hacia el centro. Mientras gobernadores e intendentes del kirchnerismo, como Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, siguen apostando al mismo clientelismo, al gasto público desbordado y a la falta de gestión que agrava la inseguridad y la pobreza en sus territorios, el Gobierno nacional avanza con reformas estructurales que apuntan a generar empleo genuino y crecimiento sostenido.
Los economistas consultados coinciden en que, si se mantiene la disciplina fiscal y monetaria, los próximos relevamientos deberían mostrar una recomposición paulatina de la clase media, sostenida por salarios que le empiezan a ganar a una inflación que ya no es la de tres dígitos que dejó el kirchnerismo.



