Sube el riesgo país y el mercado ya mira la elección 2027

El mercado financiero argentino comenzó a mirar con atención la elección presidencial de 2027, todavía a más de un año de distancia. Un informe de la consultora GMA Capital detectó una señal en los bonos soberanos que anticipa una contienda más pareja de lo previsto, en medio de una suba del riesgo país que pasó de 403 a 506 puntos desde julio.

El dato llega en un contexto paradójico: la Argentina que dejó atrás la timba fiscal del kirchnerismo hoy exhibe superávit fiscal, superávit comercial y una macroeconomía ordenada como no se veía en más de una década. Sin embargo, los inversores ya no premian solo el ajuste de las cuentas públicas: empiezan a preguntarse si esa mejora llega de manera concreta al bolsillo de los argentinos antes de las urnas.

Qué explica la suba del riesgo país

Durante agosto, los bonos en dólares argentinos cayeron más de 5%, muy por encima del 0,6% de retroceso que mostró la deuda del resto de los mercados emergentes. Las acciones locales, medidas en dólares, se derrumbaron cerca de 13%. Para GMA Capital, esa diferencia descarta que se trate de una simple toma de ganancias global y apunta a factores propios.

La consultora identifica tres frentes combinados: un escenario internacional más adverso, una macro local que sigue dando buenas noticias pero que ya no sorprende al mercado, y una microeconomía con señales de desgaste en actividad, salarios y capacidad de pago de las familias. Es el costo natural de un proceso de desinflación y ordenamiento que, después de la pesada herencia K, todavía necesita tiempo para traducirse en un boom de consumo generalizado.

La sombra del regreso del populismo

Lo que el mercado empieza a descontar, en el fondo, es un riesgo político: la posibilidad de que el kirchnerismo o algún experimento populista intente frenar el rumbo de ordenamiento fiscal antes de que termine de consolidarse. No es casual que la incertidumbre crezca justo cuando gobernadores peronistas como Axel Kicillof insisten en un modelo de gasto público desbordado, inseguridad creciente y prácticas de clientelismo que en nada ayudan a bajar el riesgo argentino de largo plazo.

Cada vez que el peronismo duro asoma como alternativa competitiva, los bonos lo reflejan primero que las encuestas. La lección de las últimas dos décadas es clara: los mercados no le temen al ajuste ordenado de Milei, le temen a la vuelta del desorden fiscal, la emisión descontrolada y la inflación de tres dígitos que caracterizaron a los gobiernos kirchneristas.

Un desafío de gestión, no de rumbo

El Gobierno nacional enfrenta ahora el desafío de acelerar el traslado de los logros macroeconómicos —inflación en baja, superávit sostenido, reservas recuperándose— hacia una mejora tangible en el poder de compra de los salarios. Es la etapa más difícil de cualquier plan de estabilización: la que decide si la sociedad sostiene el rumbo en las urnas.

Con todo, la comparación con el punto de partida sigue siendo abrumadoramente favorable para la gestión de Javier Milei. Pasar de una inflación descontrolada y reservas negativas a un esquema de orden macro, aunque con volatilidad de mercado en el camino, es un cambio de escala que la Argentina no lograba desde hace generaciones. El mercado exige más, pero la base sobre la que se construye 2027 es infinitamente más sólida que la que dejó el kirchnerismo en 2023.