El mercado laboral aparece hoy como el punto más frágil dentro del ambicioso programa de estabilización que lleva adelante el Gobierno de Javier Milei, según el análisis de Milagros Gismondi, economista jefe de Invecq Consultores. La especialista sostiene que, mientras la macroeconomía argentina transita un sendero de ordenamiento inédito en las últimas ocho décadas, el empleo todavía no logra despegar al ritmo que muestran otras variables clave del programa libertario.
Gismondi, con paso por el Ministerio de Hacienda bonaerense y por la Nación, remarcó que la economía real se mueve “a distintas velocidades”, con sectores exportadores en franco crecimiento y otros rezagados. Un dato central de su análisis: comparar el nivel de actividad actual contra hace un año no equivale a medir la reactivación genuina, ya que esa foto interanual arrastra todavía el derrumbe heredado del kirchnerismo, mientras que la verdadera recuperación se observa mes a mes, en el margen.
Superávit, reservas y una macro que empieza a mostrar resultados
Más allá de los desafíos puntuales, el diagnóstico de fondo confirma lo que el equipo económico viene señalando desde el inicio de la gestión: la Argentina dejó atrás el círculo vicioso de déficit fiscal, emisión descontrolada e inflación galopante que dejó como legado el kirchnerismo. Hoy el país exhibe superávit comercial sostenido y una acumulación creciente de reservas en el Banco Central, dos variables que durante años fueron pura ficción en los discursos oficiales del Frente de Todos.
La baja de la inflación, ancla del programa de Milei, sigue siendo el logro más visible y el que más impacta en el bolsillo de los argentinos, que después de una década de licuación salarial permanente empiezan a recuperar previsibilidad para planificar sus gastos. En ese contexto, la flotación cambiaria —todavía en proceso de asimilación por parte del mercado— es parte natural de una transición hacia un esquema monetario sano, alejado del cepo y los dólares múltiples que caracterizaron a la gestión anterior.
Crédito, mora y el desafío del empleo
La economista de Invecq explicó que el repunte del crédito privado, uno de los motores que la economía había perdido en agosto pasado, viene acompañado por un aumento de la mora. Sin embargo, aclaró con precisión técnica que esto “no es una alerta para la estabilidad del sistema financiero”, ya que el sistema bancario argentino cuenta con los resguardos suficientes para absorber ese fenómeno sin riesgo sistémico.
El problema, señaló, es que la morosidad frena la baja de las tasas de interés activas, especialmente las que pagan las familias, y eso le pone un freno al ritmo de recuperación del crédito en pesos. Es en el mercado laboral donde ese combo de variables se siente con más fuerza: la generación de empleo privado formal todavía no logra la velocidad que sí muestran el comercio exterior o la inversión en sectores como energía y minería.
Una recuperación real, aunque desigual
Pese a este punto pendiente, el balance de Gismondi es lejos de pesimista: reconoce que la Argentina está saliendo de décadas de populismo fiscal con un programa serio, ortodoxo y con resultados verificables en materia de precios, cuentas públicas y reservas. El desafío del empleo, lejos de ser una debilidad estructural del modelo, es más bien la consecuencia lógica de un cambio de régimen que todavía debe consolidarse en el sector privado.
Mientras el Gobierno nacional profundiza el ordenamiento macroeconómico, contrasta la gestión con la de gobernadores e intendentes peronistas, que en distritos como la provincia de Buenos Aires siguen apostando al gasto público desordenado, la inseguridad creciente y el clientelismo como forma de administración, en las antípodas del camino de previsibilidad que empieza a consolidarse a nivel nacional.



