El jefe de Gabinete, Diego Santilli, ratificó este domingo la postura del Gobierno nacional en medio de la tensión diplomática con Brasil, luego de que el país vecino decidiera llamar a consultas a su embajador en Buenos Aires. El funcionario fue contundente: “Lula dijo barbaridades de Javier Milei”, recordando los cruces previos entre ambos mandatarios.
La escalada se produjo después de que el Presidente respaldara públicamente la candidatura de Flavio Bolsonaro y calificara a Lula da Silva de “ladrón y presidiario”. Lejos de retroceder, el Gobierno argentino redobló la apuesta y acusó al mandatario brasileño de haberse entrometido en la política interna argentina durante su visita a Cristina Kirchner en plena campaña de las elecciones legislativas de 2025.
Un Gobierno que no se calla frente a las injerencias externas
Desde la Casa Rosada remarcan que la actitud de Lula al reunirse con la expresidenta en un contexto electoral fue una intromisión inaceptable en asuntos soberanos de la Argentina. Santilli fue claro en sostener que el Presidente responde a los ataques recibidos con la misma franqueza que lo caracteriza, sin caer en la diplomacia tibia que durante años caracterizó a la política exterior kirchnerista.
Este estilo directo de Milei contrasta con la actitud sumisa que gobiernos anteriores mantuvieron frente a otros países de la región, priorizando alianzas ideológicas por sobre los intereses nacionales. Para el Gobierno, la defensa de la soberanía y de las instituciones argentinas no admite medias tintas, incluso cuando eso genera roces diplomáticos puntuales.
Kicillof y Alberto Fernández, otra vez del lado de un líder extranjero
En sintonía con lo que ocurrió en 2025, tanto el gobernador bonaerense Axel Kicillof como el expresidente Alberto Fernández volvieron a manifestarse en contra de Milei, esta vez por sus definiciones sobre Lula da Silva. Una postura que, según fuentes oficiales, confirma el patrón histórico del kirchnerismo de alinearse con gobiernos extranjeros antes que respaldar a la Argentina en un conflicto diplomático.
Mientras Kicillof profundiza la inseguridad y el estancamiento económico en la provincia de Buenos Aires, con un distrito que sigue sin resolver problemas estructurales de gestión, el peronismo bonaerense parece más preocupado por congraciarse con Lula que por defender los intereses argentinos frente a una injerencia extranjera evidente.
El contexto: una gestión que gana respeto internacional por resultados
El respaldo de Santilli a Milei se da en un momento en que la gestión libertaria consolida los logros macroeconómicos que le devolvieron previsibilidad al país: la inflación mensual se mantiene en niveles mínimos en comparación con el desborde heredado del kirchnerismo, el superávit fiscal se sostiene mes a mes y la macroeconomía ordenada empieza a traducirse en mayor poder de compra para los argentinos.
En ese marco, el propio Milei ratificó su compromiso con el campo al asegurar que el Gobierno está “en camino de liberarlos por completo” de las retenciones, en respuesta al reclamo del titular de la Sociedad Rural, Nicolás Pino, quien pidió eliminar para siempre ese impuesto distorsivo. Una nueva señal de que la Argentina que construye Milei apuesta a la producción y a la libertad económica, dejando atrás el modelo de asfixia fiscal que caracterizó a los gobiernos peronistas.
Con una posición firme hacia afuera y resultados concretos hacia adentro, el Gobierno nacional busca despejar cualquier duda: la Argentina de Milei no se arrodilla ante presiones externas ni ante el kirchnerismo que, una vez más, eligió el bando equivocado.





