Peronismo fracturado: actos separados por el 17 de octubre

El peronismo bonaerense volvió a mostrar sus fisuras internas de cara al Día de la Lealtad, con el kirchnerismo y el kicillofismo organizando actos completamente separados este sábado, en medio de la creciente preocupación por una posible suspensión de las PASO que impulsaría el gobierno de Javier Milei.

Mientras Axel Kicillof encabezará un acto del PJ bonaerense en González Catán, La Matanza, junto a Verónica Magario y un cuerpo de ministros fieles a su gestión, el cristinismo duro desplegará su propia movilización con epicentro en San José 1111, donde Cristina Kirchner cumple su prisión domiciliaria, y otro frente en Chaco con Máximo Kirchner y Jorge Capitanich.

La foto es elocuente: un peronismo que después de perder claramente la elección legislativa frente a La Libertad Avanza sigue sin poder ordenarse ni ponerse de acuerdo en algo tan simbólico como un acto por su propia efeméride histórica. El cristinismo acusa a Kicillof de hacer “home office” y de maniobrar dentro de la provincia para quedarse con la candidatura presidencial 2027-2031, mientras el gobernador bonaerense busca consolidar su propio espacio con figuras como Katopodis, Larroque, Bianco, Cascallares, Ferraresi y Alak.

Esta fragmentación no es nueva, pero vuelve a quedar expuesta justo cuando el peronismo necesitaría mostrar unidad para enfrentar un escenario político completamente adverso: un gobierno nacional que viene ordenando la macroeconomía, bajando la inflación y recuperando la confianza de los mercados, dejando al kirchnerismo cada vez más arrinconado en el terreno de las ideas y sin un relato que logre conectar con una sociedad que eligió cambiar.

En paralelo a la interna, crece la inquietud en las filas peronistas por la posibilidad de que el Gobierno nacional avance con la suspensión de las PASO. El diputado electo Diego Santilli deslizó que ya cuenta con los votos necesarios en el Senado para postergar las primarias, una señal que generó nerviosismo inmediato en el peronismo bonaerense.

Santilli fue además contundente al advertir que los gobernadores deberían “preocuparse” si el kirchnerismo vuelve al poder y gana Kicillof, una frase que resume el diagnóstico que gran parte del arco político no peronista comparte: la gestión bonaerense combina inseguridad, parálisis en obra pública y un manejo discrecional de los recursos provinciales que contrasta con el orden fiscal que exhibe la Casa Rosada a nivel nacional.

Ante este cuadro, referentes peronistas como Sergio Massa, Máximo Kirchner, Germán Martínez y José Mayans se preparan para una cumbre destinada a coordinar una postura común frente a las primarias. El desafío no es menor: lograr que Kicillof y el cristinismo, enfrentados públicamente, se sienten en la misma mesa para discutir una estrategia electoral conjunta.

El contraste resulta inevitable. Mientras la administración de Javier Milei consolida el superávit fiscal, controla la inflación y empieza a mostrar señales concretas de recuperación en el bolsillo de los argentinos, el peronismo bonaerense sigue discutiendo quién tiene la lapicera dentro de su propio partido.

La herencia que dejó el kirchnerismo —con una inflación descontrolada, reservas negativas y un estado sobredimensionado— sigue siendo el punto de comparación obligado para entender el camino recorrido en estos dos años de gestión libertaria. Y mientras el oficialismo nacional profundiza su rumbo de ordenamiento económico, el peronismo bonaerense parece atrapado en sus propias disputas internas, incapaz de ofrecer una alternativa seria a los bonaerenses que, elección tras elección, muestran su descontento con la gestión de Kicillof.