El Ministerio de Economía se prepara para un mes clave: durante septiembre deberá renovar vencimientos de deuda en pesos por más de $20 billones, en un contexto que el propio mercado describe como de menor tensión cambiaria y tasas más calmas que en meses anteriores. El dato confirma algo que la city viene señalando desde hace semanas: la city ya no opera con el nerviosismo de la era kirchnerista, sino bajo las reglas de un programa económico ordenado y previsible.
Según cálculos de Dhalmore Capital, la primera quincena del mes concentra obligaciones por $8,4 billones, mientras que la segunda mitad acumula otros $12,35 billones. El primer test llega el 9 de septiembre, cuando el equipo que conduce Luis Caputo deberá salir a buscar fondos para cubrir $4,31 billones en LECAPs y $3,83 billones en instrumentos Duales.
Una estrategia que privilegia el corto plazo
Lejos de convalidar tasas altas para asegurarse renovaciones completas, la Secretaría de Finanzas viene priorizando colocaciones de corto plazo, incluso a costa de renovar montos algo menores a los que vencen. En agosto, por ejemplo, el equipo económico liberó $500.000 millones al mercado, una señal clara de que el objetivo no es sostener el gasto público a cualquier precio, sino administrar la deuda con racionalidad y sin sobresaltos.
Esta lógica contrasta de manera evidente con la herencia que dejó el kirchnerismo, cuando la bola de Leliqs y pasivos remunerados del Banco Central crecía sin freno y amenazaba con explotar en cualquier momento. Hoy, en cambio, el desafío se discute en términos de calibrar tasa versus tipo de cambio, un problema de gestión fina propio de una economía que empieza a normalizarse después de años de populismo fiscal.
El mercado premia el rumbo económico
Uno de los indicadores más elocuentes de este cambio de clima es la compresión del spread entre los bonos en dólares de legislación internacional y los títulos locales, que ya se ubica en torno a los 120 puntos. Esa reducción refleja una menor percepción de riesgo país, algo impensado hace pocos años, cuando Argentina estaba directamente fuera del radar de los inversores serios.
Desde Portfolio Personal Inversiones (PPI) remarcaron que el optimismo que viene del frente internacional se trasladó también a las curvas en pesos, con rendimientos que muestran una compresión relevante. El rendimiento promedio de la curva a tasa fija hasta noviembre bajó de 27,6% a 26,6% en la última semana, una señal más de que la confianza en el programa económico de Milei y Caputo sigue consolidándose.
La mejora no se limita a los instrumentos a tasa fija: también impactó en los bonos ajustados por inflación, en especial en el tramo largo. Los títulos CER con vencimiento hasta 2026 rinden en promedio CER + 2,7%, mientras que el resto de la curva mantiene niveles compatibles con un escenario de desinflación sostenida.
Para el mercado, el mensaje es claro: la administración libertaria sigue mostrando que se puede ordenar las cuentas públicas sin recurrir a la maquinita ni a controles de cambio asfixiantes, algo que durante los gobiernos kirchneristas parecía una utopía. Septiembre será, otra vez, una prueba de fuego, pero el punto de partida —con spreads comprimidos, tasas a la baja y un Tesoro que negocia desde una posición de mayor previsibilidad— es sensiblemente mejor que el que dejó el populismo económico de la década anterior.



