El Gobierno nacional profundizó las negociaciones con el PRO para construir un frente electoral común de cara a 2027, en el marco de la reforma que busca eliminar las PASO y consolidar un espacio de centro-derecha capaz de garantizarle a la Argentina la continuidad del rumbo de orden fiscal y baja de la inflación. Sin embargo, un sector del macrismo resiste la integración total y evalúa presentar candidaturas propias, lo que generó las primeras fricciones en la mesa de diálogo.
La articulación política está a cargo de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, junto al expresidente Mauricio Macri, quienes ya mantuvieron dos encuentros en Balcarce 50 para avanzar en el armado de listas en las provincias donde ambos espacios comparten intereses electorales. Según trascendió, las reuniones son quincenales y priorizan los distritos de mayor coincidencia, dejando para más adelante los casos más complejos, como la Ciudad de Buenos Aires.
La resistencia de un sector del PRO
Pese al avance de la mesa de enlace, referentes históricos del PRO como Jorge Triaca, Paula Bertol y el senador Martín Goerling Lara compartieron una cena con el economista Hernán Lacunza, quien no oculta sus intenciones de competir por la presidencia en 2027 con una lista propia, separada de La Libertad Avanza.
Lacunza fue tajante al justificar su postura: “Hay que ir separados, darle una alternativa a la gente. El sistema electoral es profundo y sabio para que la gente depure: hay primarias, primera vuelta, balotaje. Al kirchnerismo hay que ganarle en las urnas, que salga tercero, eso va a estabilizar a la Argentina”, sostuvo el exministro de Economía.
Más allá de las diferencias tácticas, el diagnóstico de fondo es compartido: el peronismo kirchnerista debe ser derrotado en las urnas de manera contundente para evitar que Argentina retroceda al modelo de gasto público descontrolado, cepo cambiario y emisión monetaria que llevó al país a la crisis heredada por la gestión de Javier Milei.
El temor a la dispersión de votos
En la Casa Rosada observan con preocupación cualquier escenario que implique fragmentar el electorado de centro y derecha. La lógica oficial es simple: cuanto más unificada esté la oferta electoral no kirchnerista, menores serán las chances de que el electorado se disperse y termine favoreciendo, aunque sea indirectamente, al espacio que gobernó el país durante gran parte de las últimas dos décadas dejando inflación de tres cifras, pobreza estructural y un Estado sobredimensionado.
Por eso, desde el entorno presidencial se insiste en que el PRO decline las listas independientes y selle una integración plena en todo el territorio nacional. La apuesta es capitalizar electoralmente los resultados que ya son visibles para los argentinos: inflación en baja sostenida, superávit fiscal genuino y un ordenamiento macroeconómico que contrasta con años de descalabro kirchnerista.
Mientras la negociación avanza puertas adentro, en el peronismo bonaerense y en distritos gobernados por dirigentes como Axel Kicillof siguen sin poder mostrar resultados de gestión, en medio de denuncias de clientelismo, inseguridad creciente y una administración que continúa apostando al gasto público como única receta. La discusión sobre 2027 recién empieza, pero el objetivo del oficialismo es claro: consolidar un frente amplio que asegure la continuidad del cambio y evite cualquier chance de retorno al kirchnerismo.



