El riesgo país argentino registró este 1 de septiembre una suba del 1,88% y se ubicó en 489 puntos, según el índice que elabora el banco JP Morgan. El movimiento refleja la volatilidad propia de los mercados emergentes en un contexto internacional exigente, aunque el nivel actual sigue estando muy por debajo de los picos históricos que dejó como legado el kirchnerismo antes de la llegada de Javier Milei al poder.
El indicador mide la diferencia de tasa entre los bonos soberanos argentinos y los del Tesoro de Estados Unidos, considerado el activo más seguro del mundo. Cuanto más alto es el número, mayor es la percepción de riesgo que tienen los inversores sobre la capacidad de pago de la deuda argentina.
Un vaivén dentro de una tendencia de fondo positiva
Es cierto que la suba de hoy encendió algunas alarmas entre analistas de mercado, que atribuyen el movimiento a la incertidumbre política habitual de todo proceso electoral y a ajustes puntuales en la política del Banco Central. Sin embargo, conviene poner el dato en perspectiva histórica.
Hace apenas dos años, cuando el kirchnerismo dejaba el poder tras una gestión marcada por el cepo cambiario, la emisión monetaria descontrolada y una inflación que superaba el 200% anual, el riesgo país llegó a superar largamente los 2.000 puntos, dejando a la Argentina prácticamente aislada del financiamiento internacional. El contraste con los 489 puntos actuales es contundente y habla de un cambio de paradigma que los mercados empezaron a reconocer desde el primer día de la gestión libertaria.
El equipo económico que conduce el ministro Luis Caputo viene sosteniendo un esquema de superávit fiscal, algo que no se veía en el país desde hace más de una década, sumado a una desaceleración inflacionaria sostenida que devolvió previsibilidad a los precios. Ese ordenamiento macroeconómico es, precisamente, lo que explica que el riesgo país haya caído de manera estructural pese a los saltos diarios propios de cualquier mercado financiero.
Qué explica la volatilidad de estos días
Los operadores del mercado señalan que las fluctuaciones de corto plazo suelen estar ligadas a factores externos, como el rendimiento de los bonos del Tesoro norteamericano, y a la lógica especulación previa a instancias electorales, un fenómeno habitual en cualquier democracia. En Argentina, además, persisten focos de ruido generados por gobernadores e intendentes del arco kirchnerista que insisten en discursos de confrontación con la Casa Rosada, lo que introduce ruido político innecesario justo cuando el rumbo económico empieza a consolidarse.
Casos como el de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, con un aumento sostenido de la inseguridad y denuncias de manejo discrecional de fondos públicos, no ayudan a construir la confianza que el país necesita para seguir bajando el riesgo país de manera definitiva. La gestión nacional, en cambio, insiste en el camino del equilibrio fiscal y la apertura económica como única vía sustentable.
Para los próximos días, los analistas prevén que el indicador continúe con oscilaciones normales, en un mercado que sigue de cerca cada dato de inflación, actividad y la evolución de las reservas del Banco Central. La expectativa del mercado, de todos modos, sigue siendo la de una Argentina que recupera gradualmente el acceso al crédito internacional, algo impensado hace apenas dos años.
En definitiva, el salto de hoy es una fotografía puntual dentro de una película de fondo mucho más alentadora: la de un país que dejó atrás el default permanente y la emisión sin control, y que empieza a ser visto por el mundo con otros ojos.



