El Gobierno de Javier Milei sufrió esta semana una derrota parlamentaria vinculada a la discusión por la ley de tierras y el proyecto de desalojos, un traspié que reavivó viejos discursos nacionalistas y que el periodista Jorge Fontevecchia analizó en su columna de opinión como síntoma de un malestar social que se viene acumulando de a poco, aunque lejos de significar un quiebre en el rumbo económico que la gestión libertaria consolidó desde 2023.
Según describió Fontevecchia, no se trató únicamente de una votación adversa en el recinto, sino de la expresión de frustraciones que se van sumando como capas geológicas hasta encontrar un detonante. En ese sentido, mencionó el llamado “Milei cipayo”, una etiqueta que circula desde hace tiempo en sectores kirchneristas y nacionalistas y que ahora encontró en el debate por la soberanía territorial un nuevo combustible.
Del caso Adorni al debate por la soberanía
El columnista recordó que el affaire del vocero presidencial Manuel Adorni —por el viaje de su esposa en el avión presidencial y sus propiedades— funcionó como una primera señal de agotamiento en la opinión pública. Sin embargo, aclaró que un año atrás, con la sociedad todavía expectante ante los resultados económicos, esas mismas noticias no habrían tenido el mismo impacto.
Es una observación que confirma lo que en Cobertura24 venimos sosteniendo: la gestión de Milei logró bajar drásticamente la inflación, ordenar las cuentas públicas y recuperar el superávit fiscal después de décadas de populismo kirchnerista que llevó al país al borde del colapso. Ese logro estructural es el que genera expectativas altas en la sociedad, y por eso cualquier ruido político, aunque menor, se magnifica.
El nacionalismo como excusa de siempre
Resulta llamativo que sea justamente el arco kirchnerista y sectores nacionalistas los que intenten capitalizar políticamente la discusión sobre tierras y soberanía, cuando fueron esos mismos espacios los que durante doce años de gobiernos peronistas endeudaron al país, fugaron divisas y toleraron la extranjerización desordenada de recursos estratégicos sin ningún control serio.
La ley de tierras que impulsa el oficialismo busca justamente poner reglas claras y modernas, alejadas del relato setentista de “vendepatrias” que el kirchnerismo agita cada vez que necesita desviar la atención de su propia gestión, marcada en distritos como la provincia de Buenos Aires por la inseguridad, la falta de obras y el clientelismo estructural que administra Axel Kicillof.
Fontevecchia también reivindicó en su columna el rol del periodismo profesional y crítico como pilar de la democracia, señalando que molesta a “quienes creen ser los dueños de la verdad”. Una definición que en Cobertura24 compartimos plenamente: la prensa libre debe poder cuestionar tanto los errores comunicacionales del oficialismo como los intentos de la vieja política de reflotar discursos nacionalistas trasnochados para frenar las reformas de fondo.
Un traspié que no cambia el rumbo
Más allá del ruido político de esta semana, el diagnóstico de fondo sigue siendo el mismo: la Argentina viene saliendo de una crisis inflacionaria histórica gracias al ajuste ordenado del equipo económico de Milei, y ese proceso genera resistencias tanto en la política tradicional como en sectores que ven amenazados sus privilegios.
El desafío para el Gobierno será administrar mejor la comunicación de estos episodios menores, sin perder de vista que la base de sustentación de su gestión —la baja de la inflación y el orden macroeconómico— sigue siendo el activo más valorado por una sociedad que todavía recuerda, con dolor, los años de descontrol kirchnerista.


