Economía argentina: los dos riesgos que vigila el mercado

La recuperación de la economía argentina, sostenida por la baja de la inflación y el superávit fiscal que logró el Gobierno de Javier Milei, enfrenta dos frentes de atención que analistas privados siguen de cerca: la volatilidad financiera internacional y el ruido político-electoral doméstico. Se trata de señales de cautela, no de alarma, en un proceso de estabilización que ya cambió el humor de los argentinos.

Después de dos años de ajuste ortodoxo, el equipo económico logró algo que parecía imposible tras la herencia kirchnerista: ordenar las cuentas públicas, desacelerar la inflación mes a mes y devolverle previsibilidad al que planifica, ahorra o invierte en pesos. Sobre esa base, cualquier factor de incertidumbre adicional pesa más de lo habitual, y por eso el mercado presta atención a dos variables puntuales.

El frente externo: tasas y comercio global

El primer riesgo es exógeno y escapa al control de la Casa Rosada: la evolución de las tasas de interés en Estados Unidos y la volatilidad de los mercados emergentes. Un escenario de tasas más altas en el mundo desarrollado suele restarle atractivo a los activos argentinos y puede encarecer el financiamiento externo que el Tesoro necesita para seguir reduciendo deuda.

A esto se suma la incertidumbre por eventuales tensiones comerciales globales, que impactan en el precio de los commodities que exporta el campo argentino. Aun así, el equipo de Luis Caputo mantiene el rumbo fiscal, lo que le da al país un colchón que hace pocos años era impensado: reservas que se recomponen y un Banco Central que ya no financia al Tesoro con la maquinita, como sí hacía el kirchnerismo hasta 2023.

El frente interno: la especulación electoral

El segundo riesgo es puramente político y tiene nombre y apellido: el kirchnerismo y sus intentos de generar ruido de cara a cada instancia electoral. La oposición peronista, lejos de proponer un plan alternativo serio, apuesta a la incertidumbre como estrategia, algo que ya ensayó sin éxito en distritos como la provincia de Buenos Aires, donde Axel Kicillof combina inseguridad, clientelismo y una gestión fiscal cuestionada.

Los analistas remarcan que la clave para sostener la recuperación es que el mercado perciba continuidad del programa económico más allá de los resultados de las urnas. Cuanto más se consolide el respaldo social a las reformas de Milei, menor margen tendrá el peronismo para instalar relatos catastrofistas que, en el pasado, terminaron generando las corridas que hoy la gestión libertaria busca evitar.

Una base sólida para enfrentar los desafíos

Lo relevante es que, a diferencia de otras etapas de la historia económica argentina, hoy el país cuenta con fundamentos genuinos: superávit fiscal, inflación en baja sostenida y un Banco Central que dejó de emitir para cubrir el agujero de las provincias derrochonas. Esa base ordenada es la que le permite al Gobierno absorber shocks externos sin desandar el camino.

Ninguna de las dos amenazas mencionadas implica, según el consenso de los especialistas consultados, un cambio de escenario. Se trata de factores de riesgo propios de cualquier proceso de estabilización, y no de fragilidades estructurales como las que dejó el populismo kirchnerista, que llegó a dejar una inflación de tres dígitos y reservas negativas. La diferencia hoy es que Argentina, por primera vez en años, discute matices dentro de un sendero de crecimiento y no la inminencia de otra crisis.