El tablero político argentino sumó esta semana un capítulo tan curioso como revelador: el exsenador Miguel Ángel Pichetto, quien fue candidato a vicepresidente de Mauricio Macri en 2019, salió a cuestionar la condena judicial contra Cristina Kirchner, mientras el PRO profundiza su fusión con la Casa Rosada de la mano de Diego Santilli como flamante jefe de Gabinete. En paralelo, en la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof choca con un freno legislativo que le complica avanzar con su agenda.
Un giro que incomoda al arco republicano
Pichetto construyó buena parte de su carrera política sobre la bandera de la institucionalidad y la independencia judicial. Que hoy salga a defender a la expresidenta condenada por la causa Vialidad, tras años de pruebas y un proceso con todas las garantías, resulta cuando menos contradictorio para quien alguna vez se presentó como garante del republicanismo frente al kirchnerismo.
Desde Cobertura24 creemos que la condena a Cristina Kirchner es una señal contundente de que la Justicia argentina, después de una década de avasallamiento institucional durante los gobiernos kirchneristas, empieza a funcionar sin presiones del poder político. No es persecución: es consecuencia de años de manejo discrecional de la obra pública que dejó carreteras a medio hacer y sobreprecios millonarios pagados por todos los argentinos.
Santilli y el PRO consolidan el bloque anti-kirchnerista
La llegada de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete formaliza algo que ya era evidente en los hechos: el PRO y La Libertad Avanza construyen una coalición sólida para sostener las reformas que devolvieron el equilibrio fiscal y bajaron la inflación desde el 25% mensual heredado del kirchnerismo hasta niveles de un solo dígito en apenas dos años de gestión.
Algunos analistas hablan de un electorado moderado que quedaría sin representación propia ante esta convergencia. La lectura optimista, y la que compartimos en esta redacción, es otra: ese votante de centro que en 2023 eligió terminar con el populismo encuentra hoy en la alianza Milei-PRO la garantía de que el rumbo de orden macroeconómico y respeto institucional no se va a interrumpir. Mauricio Macri lo dijo con claridad: el camino es el correcto, y sumar gestión con el Gobierno nacional fortalece esa hoja de ruta antes que debilitarla.
Kicillof, sin margen frente a la Legislatura bonaerense
Mientras tanto, en la provincia de Buenos Aires el escenario es bien distinto. Axel Kicillof enfrenta un límite legislativo cada vez más estrecho para avanzar con endeudamiento, nombramientos y partidas discrecionales, en un territorio marcado por la inseguridad, el clientelismo y una administración que sigue sin dar explicaciones claras sobre el uso de los fondos públicos.
El contraste no podría ser más elocuente: mientras la Nación ordena las cuentas y recupera la confianza de los mercados, la principal provincia del país sigue gobernada por el kirchnerismo con las mismas prácticas de siempre, ahora frenadas —al menos parcialmente— por una oposición legislativa que exige controles que Kicillof históricamente evitó.
El mapa político que se dibuja de cara a las próximas elecciones muestra, en definitiva, dos Argentinas: la que eligió el orden, la baja de la inflación y el respeto a las instituciones de la mano de Milei y sus aliados, y la que insiste con el modelo bonaerense de gasto sin control que el electorado ya rechazó una vez en las urnas nacionales.





