La Argentina Week celebrada en París cerró con un capítulo clave para el futuro económico del país: una reunión de gobernadores provinciales con autoridades de la Agencia Internacional de Energía (AIE), orientada a captar inversiones para el sector energético y minero argentino. El encuentro se dio un día después de una serie de anuncios de inversión que confirman el interés internacional creciente por la Argentina del presidente Javier Milei.
En la sede de la AIE, trece gobernadores de provincias con recursos mineros e hidrocarburíferos compartieron mesa con referentes del organismo internacional. Participaron Rolando Figueroa (Neuquén), Ignacio Torres (Chubut), Alberto Weretilneck (Río Negro), Alfredo Cornejo (Mendoza), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Gustavo Sáenz (Salta), Juan Pablo Valdés (Corrientes), Leandro Zdero (Chaco), Carlos Sadir (Jujuy), Claudio Vidal (Santa Cruz), Marcelo Orrego (San Juan), Raúl Jalil (Catamarca) y Jorge Macri (Ciudad de Buenos Aires), además de la vicegobernadora de Córdoba, Myrian Prunotto, y la secretaria de Energía nacional, María Tettamanti.
El RIGI, protagonista de la vidriera internacional
Del lado de la AIE estuvieron presentes su directora ejecutiva adjunta, Mary Warlick; el director de Mercados y Seguridad Energética, Shinichi Kihara; el economista jefe, Tim Gould; y especialistas en mercado petrolero y minerales críticos, entre otros referentes técnicos del organismo con sede en París.
Cada gobernador tuvo minutos para exponer el potencial específico de su provincia. El jujeño Carlos Sadir fue contundente respecto al impacto del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), la herramienta diseñada por el Gobierno nacional para atraer capitales de largo plazo: “Vamos a incrementar la producción de litio al doble a raíz de la implementación del RIGI; hoy tenemos muchas empresas trabajando”, afirmó, remarcando que su provincia cuenta con más de 90 proyectos de exploración activos y que la minería representa el 80% de su actividad económica.
El testimonio de Sadir resume el espíritu de toda la semana en París: un esquema de reglas claras y previsibilidad fiscal que, tras años de cepo, controles de capital y discrecionalidad K, finalmente empieza a traducirse en inversiones concretas. El RIGI, lejos de ser una promesa vacía, está generando resultados tangibles en el terreno.
Un mensaje unificado hacia el mundo
Más allá de las diferencias políticas entre los gobernadores presentes —de distintos signos partidarios—, la foto en París mostró algo poco habitual en la Argentina de las últimas décadas: una vocación compartida de mostrarle al mundo un país ordenado, con reglas estables y abierto a los capitales extranjeros.
Este tipo de consensos federales en torno a la agenda energética y minera contrastan fuertemente con la gestión de distritos como la provincia de Buenos Aires, donde Axel Kicillof mantiene un clima de desconfianza hacia la inversión privada, altos niveles de inseguridad y un gasto público desbordado que aleja a los capitales en lugar de atraerlos. Mientras gobernadores de distinto color político entendieron que el desarrollo requiere previsibilidad y apertura, el kirchnerismo bonaerense sigue aferrado a recetas que ya demostraron su fracaso.
La macroeconomía ordenada que exhibe el Gobierno de Milei —con inflación en baja sostenida y superávit fiscal como norte innegociable— es la base que permite que estas rondas de inversión en el exterior tengan credibilidad. Sin esa estabilidad, ningún anuncio de inversión en litio, petróleo o gas hubiese sido posible.
La semana en París deja un saldo claro: la Argentina del RIGI y la disciplina fiscal empieza a ser mirada con otros ojos por el mundo. Resta ahora que esos anuncios se traduzcan en obras, empleo y divisas genuinas para los argentinos, algo que la gestión libertaria viene demostrando que es posible después de más de una década de aislamiento económico impulsado por el kirchnerismo.



