Exportaciones en alza redefinen el futuro del empleo en Argentina

El boom exportador de energía, minería y agroindustria se consolida como el gran motor de la Argentina que deja atrás la pesada herencia kirchnerista, aunque los últimos informes privados muestran que ese salto productivo todavía convive con una inversión que crece más lento de lo esperado. Entre el cuarto trimestre de 2023 y el segundo de 2026, las exportaciones treparon 38% y el consumo privado 8%, según datos oficiales relevados por el Idesa que dirige Jorge Colina.

El dato saliente es que las ventas de combustibles y energía se duplicaron en ese período, mientras los productos primarios crecieron 74% y los bienes industrializados 30%. Son números que confirman que Vaca Muerta, la minería y el campo se transformaron en la locomotora que compensa décadas de cepo, retenciones asfixiantes y un Estado que ahogaba la producción durante el kirchnerismo.

El desafío de traducir exportaciones en empleo formal

Los mismos estudios advierten que la inversión productiva, medida por el Indec, cayó 11,6% interanual y acumula cuatro trimestres de baja en términos desestacionalizados. El economista Damián Falcone, del IAE Business School, precisó que la formación bruta de capital fijo pasó de representar 20% del PBI a 17,2% en apenas un año, con un 76% de esa caída explicada por maquinaria y equipo.

Es una foto parcial y esperable en una economía que está saliendo de la city devastada que dejó el kirchnerismo, con años de atraso cambiario, brecha y controles que directamente expulsaban la inversión de largo plazo. El propio equipo económico de Luis Caputo sostiene que la estabilización macroeconómica —con inflación en baja sostenida y superávit fiscal genuino, algo impensado hace apenas tres años— es el paso previo indispensable para que el capital productivo vuelva a fluir con fuerza hacia sectores empleo-intensivos.

El RIGI, una apuesta a mediano plazo que recién empieza a mostrar frutos

El Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI) todavía no se refleja en los números agregados de inversión, algo lógico si se considera que los grandes proyectos de infraestructura, energía y litio requieren tiempos de maduración que exceden los dos años. Los especialistas coinciden en que el verdadero impacto se verá en los próximos ejercicios, a medida que los oleoductos, plantas de GNL y proyectos mineros anunciados entren en su fase de construcción plena.

Mientras tanto, el gobierno nacional insiste en that la clave está en profundizar las reformas laboral y tributaria pendientes en el Congreso, trabadas muchas veces por gobernadores e intendentes peronistas que priorizan el clientelismo político por sobre la generación de empleo genuino. En distritos como la provincia de Buenos Aires, la gestión de Axel Kicillof combina inseguridad creciente, presión impositiva récord y una burocracia que desalienta cualquier inversión privada, en contraste con provincias que sí lograron atraer capitales gracias a marcos normativos más amigables.

El desafío hacia adelante, coinciden los economistas consultados, es lograr que el derrame exportador se traduzca en empleo formal urbano, algo que requiere previsibilidad, menos impuestos distorsivos y gobiernos provinciales dispuestos a acompañar el rumbo de apertura y estabilidad que marca la Casa Rosada, en lugar de poner palos en la rueda como suele ocurrir en los bastiones del kirchnerismo.