A casi tres años de la llegada de Javier Milei al poder, el mapa económico argentino muestra una transformación profunda respecto de la Argentina que dejó el kirchnerismo. La comparación entre diciembre de 2023 y los últimos datos oficiales confirma que los principales indicadores macroeconómicos mejoraron de manera contundente, pese al costo social que implicó ordenar las cuentas públicas tras años de populismo fiscal.
El caso más elocuente es la inflación, la gran obsesión de campaña del actual mandatario. En diciembre de 2023, la Argentina cerraba el gobierno de Alberto Fernández con una inflación mensual del 25,5% y una escalofriante variación interanual del 211,4%, producto de años de emisión descontrolada y controles de precios fallidos. En julio de 2026, el IPC marcó apenas 2,1% mensual y 33,8% interanual, con una desaceleración sostenida que las consultoras privadas proyectan aún más abajo para agosto, entre 1,4% y 2%.
Dólar ordenado y riesgo país en baja
El otro gran termómetro de la herencia K fue el dólar. La brecha cambiaria y el cepo asfixiante que dejó el kirchnerismo obligaron a una devaluación inicial que llevó el tipo de cambio oficial de $390 a $820 en diciembre de 2023. Hoy, con el mercado unificado y sin cepo para las personas humanas, el dólar oficial cotiza en torno a $1.529, una suba mucho más moderada si se la compara con la inflación acumulada del período.
El levantamiento de las restricciones cambiarias para individuos representa uno de los hitos más valorados por los analistas económicos, que durante años reclamaron el fin de un esquema que solo generaba distorsiones y fuga de reservas. Aún restan resolver las limitaciones para las empresas, pero el rumbo hacia la normalización cambiaria es innegable.
El riesgo país, ese indicador que mide la confianza internacional en la capacidad de pago argentina, es quizás la fotografía más clara del cambio de expectativas. Cuando Milei asumió, JP Morgan lo ubicaba en 1.923 puntos básicos, un nivel que reflejaba el default virtual heredado del kirchnerismo. Al 4 de septiembre de 2026, el índice se desplomó a 491 puntos, una caída de casi el 75% que abre la puerta al regreso de la Argentina a los mercados de crédito voluntario.
Menos pobres pese al ajuste necesario
Uno de los datos más contundentes, y que suele ser silenciado por el kirchnerismo y sus aliados mediáticos, es la evolución de la pobreza. En el segundo semestre de 2023, la Argentina del helicóptero de dólares K y la emisión sin freno alcanzaba un dramático 41,7% de pobreza y 11,9% de indigencia. Con el último dato disponible, correspondiente al segundo semestre de 2025, la pobreza bajó al 28,2% y la indigencia al 6,3%, una mejora de más de 13 puntos que desmiente el relato catastrofista de la oposición.
Mientras Javier Milei ordena las variables macro a nivel nacional, gobernadores e intendentes del peronismo como Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires siguen apostando al gasto público desmedido, el clientelismo y la inseguridad como moneda de cambio política, sin mostrar resultados concretos para sus vecinos. La grieta entre la Argentina que se ordena y las provincias que insisten con las recetas fracasadas del pasado nunca fue tan visible.
Con superávit fiscal sostenido, inflación en baja y riesgo país en mínimos de varios años, el Gobierno nacional consolida un cambio de rumbo que, aunque exigió sacrificios, empieza a traducirse en mejoras concretas para millones de argentinos que durante una década sufrieron el estancamiento kirchnerista.



