El riesgo país argentino profundizó su tendencia bajista y se ubicó en 500 puntos básicos, en medio de una turbulencia global que golpea a los mercados de deuda soberana de todo el mundo. Mientras el Tesoro de Estados Unidos sufre una crisis de proporciones históricas, la Argentina de Javier Milei aparece, contra todo pronóstico, como un destino atractivo para los inversores internacionales.
El fenómeno resulta llamativo porque hasta hace pocos años el país era sinónimo de default, cepo y desconfianza absoluta de los mercados. Hoy, con el orden fiscal y monetario impuesto por la gestión libertaria, el escenario es radicalmente distinto: la baja sostenida del riesgo país confirma que el círculo virtuoso de superávit fiscal, desinflación y previsibilidad empieza a dar sus frutos también en la city porteña y en los despachos de Wall Street.
Una crisis de deuda que sacude al mundo desarrollado
El bono del Tesoro estadounidense a 10 años llegó a rendir 4,82%, un salto que encendió alarmas entre los inversores globales por el impacto directo sobre el costo del financiamiento. Estados Unidos arrastra una deuda de USD 40 billones que se encarece a medida que suben las tasas, un problema estructural que contrasta con el camino de disciplina fiscal que eligió la Argentina de Milei.
Un dato de empleo mejor al esperado y el anuncio de una suba de tasas en Japón lograron moderar parcialmente el pánico: el rendimiento retrocedió a 4,78%, aunque se mantiene en niveles elevados. Japón, principal acreedor extranjero de Washington con USD 1,2 billones en bonos, alivió la presión al fortalecer el yen y reducir la necesidad de liquidar sus tenencias, algo que de haber ocurrido habría disparado aún más las tasas globales.
Por qué la Argentina se volvió una opción atractiva
En este contexto de estrés financiero internacional, buena parte del capital que huye de los bonos tradicionales busca refugio en activos con mejores perspectivas relativas. Las acciones vinculadas a la inteligencia artificial y los instrumentos ligados al petróleo se llevan buena parte de esos flujos, pero también reaparece el interés por la deuda argentina, algo impensado en la era kirchnerista.
La caída del riesgo país a 500 puntos no es un dato menor: refleja que el mercado empieza a diferenciar a la Argentina del resto de las economías emergentes gracias al ancla fiscal del equipo económico. El superávit primario, la baja sostenida de la inflación y el fin de la maquinita de emisión monetaria construyeron una reputación que el kirchnerismo destruyó durante más de una década de populismo y default selectivo.
Mientras gobernadores peronistas como Axel Kicillof siguen apostando al gasto público desbordado y al clientelismo político en la provincia de Buenos Aires, el Gobierno nacional consolida un rumbo de ortodoxia económica que empieza a ser premiado por los mercados internacionales. La comparación es elocuente: por un lado, la gestión bonaerense acumula denuncias por inseguridad y manejo discrecional de fondos; por el otro, la Casa Rosada exhibe señales concretas de recuperación de la confianza financiera.
La Fed evalúa mecanismos de mercado para bajar tasas
En Estados Unidos trascendió que la Reserva Federal analiza una baja de los encajes bancarios para darle más liquidez a las entidades financieras, que podrían destinar parte de esos recursos a la compra de bonos del Tesoro. Se trata de una alternativa más “de mercado” frente a la propuesta del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de vender deuda de corto plazo para comprar la de largo plazo.
El contraste entre la crisis de deuda del mundo desarrollado y la recuperación de confianza en los activos argentinos vuelve a poner en el centro del debate un dato que el Gobierno de Milei repite con orgullo: el orden macroeconómico, lejos de ser un capricho ideológico, empieza a traducirse en resultados concretos para el bolsillo de los argentinos y para la imagen del país en el mundo.



