El Ministerio de Economía redujo de manera drástica el monto de dólares que buscará captar en la licitación de este miércoles, en una nueva señal de que el equipo de Luis Caputo prioriza el orden de las cuentas públicas por sobre la acumulación forzada de reservas. La Secretaría de Finanzas fijó un tope de US$50 millones para la primera vuelta del bono AO29 y otros US$50 millones para la segunda, muy por debajo de los US$1.126 millones colocados en las subastas de julio.
El movimiento confirma el estilo de gestión que caracteriza al equipo económico de Javier Milei: prudencia, previsibilidad y decisiones tomadas en función de la coyuntura real del mercado, y no de urgencias políticas como ocurría en épocas del kirchnerismo, cuando la falta de reservas y la emisión descontrolada eran la norma.
Una licitación con $4,5 billones en juego
Más allá del recorte en la porción dolarizada, el verdadero desafío de la jornada está en los pesos. El Tesoro deberá afrontar vencimientos por unos $4,5 billones, la totalidad en manos del sector privado, según un informe de PPI. La oferta se completará con instrumentos en pesos y bonos dólar linked de corto plazo, dentro del actual mandato presidencial.
El mercado observa con atención si el Gobierno decide renovar de manera agresiva estos vencimientos o si, por el contrario, opta por liberar liquidez hacia otros instrumentos. Cualquiera sea el camino elegido, el objetivo de fondo sigue siendo el mismo desde que Caputo asumió la conducción económica: sostener el esquema de superávit fiscal y evitar cualquier retorno a la maquinita de imprimir pesos que caracterizó a los gobiernos peronistas anteriores.
Menos apuro por dólares, más solidez macro
La decisión de bajar el cupo del AO29 también responde a un contexto de menor oferta de divisas y una desaceleración en el ritmo de compra de reservas del Banco Central. Lejos de ser una mala noticia, esta pausa se explica en un mercado que ya digirió buena parte del ajuste cambiario y que hoy opera con reglas mucho más claras que las heredadas del último gobierno kirchnerista, cuando el cepo, el atraso cambiario y la falta de dólares genuinos eran moneda corriente.
Con la inflación en niveles sensiblemente más bajos que los registrados al inicio de la gestión de Milei y con el superávit fiscal como ancla de la política económica, el Gobierno cuenta con margen para manejar con calma este tipo de licitaciones, sin la urgencia de convalidar tasas altísimas para conseguir dólares a cualquier precio, como ocurría en la era del cepo kirchnerista.
Lo que viene: la city bajo la lupa
Los operadores financieros ya empezaron a especular sobre las tasas que convalidará el Tesoro en esta licitación y sobre el eventual impacto en el dólar oficial y financiero. La expectativa mayoritaria es que Economía busque renovar la mayor parte de los $4,5 billones que vencen, en línea con la estrategia de no dejar pesos ociosos dando vueltas en la plaza, algo que históricamente presionó sobre el dólar y la inflación.
En un país que durante años vivió a fuerza de emisión, atraso cambiario y controles cada vez más asfixiantes, la posibilidad de discutir hoy si el Tesoro debe emitir más o menos dólares, y no si habrá o no default, es en sí misma una muestra del cambio de rumbo que impulsa la actual gestión nacional. El desafío de Caputo será mantener ese equilibrio sin sobresaltos, consolidando la confianza que el mercado le viene dando al plan económico de Milei.



