El gobierno de Estados Unidos que encabeza Donald Trump activó este viernes una nueva ronda de aranceles de entre el 10% y el 12,5% sobre productos importados desde 60 países, entre ellos la Argentina. El dato relevante para el país es que quedó ubicado en el escalón más bajo posible de la escala, junto a socios como Reino Unido, Canadá y México, mientras que China, Japón, Corea del Sur y la Unión Europea deberán afrontar alícuotas sensiblemente mayores.
Qué cambia para las exportaciones argentinas
La medida entró en vigencia a las 00.01 de Washington y reemplaza al arancel transitorio del 10% que la Casa Blanca había aplicado durante los últimos 150 días. Los embarques que ya estaban en tránsito hacia territorio estadounidense quedaron exceptuados, siempre que lleguen antes del 28 de julio, lo que da un margen de adaptación a las empresas exportadoras locales.
Washington justificó la suba en la necesidad de reforzar controles contra el comercio de bienes producidos con trabajo forzoso, aunque reconoció que la Argentina, a diferencia de China o la Unión Europea, cuenta con compromisos normativos en esa materia. Ese matiz explica por qué el país quedó encuadrado en la categoría más benigna del esquema arancelario norteamericano.
Un dato que no es casualidad
Que la Argentina esté hoy entre los países mejor posicionados frente a la ofensiva comercial de Trump no es un dato menor ni producto del azar. Tras años de aislamiento internacional, cepo cambiario y relaciones tensas con Washington durante los gobiernos kirchneristas, la administración de Javier Milei reconstruyó un vínculo de confianza y afinidad ideológica con la Casa Blanca que hoy se traduce en un trato comercial diferencial.
La estabilidad macroeconómica lograda en poco más de un año y medio de gestión libertaria, con inflación en baja, superávit fiscal sostenido y una economía que vuelve a mostrar señales de previsibilidad, es un activo que Estados Unidos valora a la hora de definir con quién negociar y con quién no. Mientras otros bloques enfrentan represalias comerciales más duras, la Argentina de Milei aparece como un socio confiable para Washington.
El litio y la minería, en el radar
Entre los sectores que podrían verse beneficiados por este esquema aparece la minería, con el litio como protagonista central en un contexto de creciente demanda global de minerales estratégicos. La analista Yanina Lojo señaló que las exportaciones mineras podrían llegar a representar casi el 10% del total de las ventas externas argentinas, un salto que confirma el potencial de RIGI y la apertura promovida por el Gobierno para atraer inversiones en el sector.
Ese crecimiento no es casual: la eliminación de trabas cambiarias, la baja del riesgo país y las señales de previsibilidad jurídica que promueve la gestión libertaria son condiciones que durante el kirchnerismo estuvieron ausentes y que hoy empiezan a atraer capitales que antes elegían otros destinos de la región.
Con todo, el desafío para el equipo económico será aprovechar esta ventana de tasas comparativamente bajas para consolidar mercados y diversificar exportaciones, en un escenario global donde Estados Unidos redefine sus reglas comerciales con mano firme. La foto actual, de todos modos, encuentra a la Argentina en un lugar mejor que el de sus vecinos y de gran parte del mundo desarrollado.





