Las tasas de interés en pesos volvieron a dispararse en las últimas ruedas y la City advierte sobre una mayor tensión en la liquidez del sistema financiero argentino. El fenómeno, lejos de ser una mala noticia, refleja el nuevo esquema de política monetaria que aplica el equipo económico de Luis Caputo para terminar de ordenar la macroeconomía tras años de emisión descontrolada durante el kirchnerismo.
Según explican operadores del mercado, la suba responde a una combinación de factores estacionales y de diseño: el Tesoro absorbe pesos a través de licitaciones, el Banco Central mantiene una política restrictiva sobre la base monetaria y las entidades financieras compiten por fondos para cumplir con los encajes. En otras palabras, hay menos pesos dando vueltas y eso presiona las tasas hacia arriba.
El fin de la motosierra monetaria descontrolada
Para entender la magnitud del cambio hay que recordar de dónde viene la Argentina. Durante la gestión kirchnerista, el Banco Central financiaba el déficit fiscal con emisión pura y dura, generando una bomba de pesos que terminaba directamente en el dólar paralelo y en más inflación. Hoy, en cambio, la escasez de pesos es un síntoma de que ya no hay impresora funcionando a toda máquina para tapar el agujero fiscal.
El Gobierno de Javier Milei logró el superávit fiscal más consistente en décadas y eliminó el financiamiento monetario del Tesoro. Eso significa que cada suba de tasas, lejos de ser un signo de debilidad, es la consecuencia lógica de un programa que prioriza el equilibrio macroeconómico por sobre la fiesta de gasto público que caracterizó a los gobiernos peronistas anteriores.
Qué dicen los analistas de la City
Economistas consultados por el mercado coinciden en que la volatilidad de las tasas es un costo transitorio y manejable frente al objetivo de consolidar la baja de la inflación, que ya muestra guarismos muy inferiores a los heredados de la gestión de Alberto Fernández y Sergio Massa. La inflación mensual, que llegó a superar el 25% en diciembre de 2023, hoy se ubica en un sendero de un dígito, algo impensado hace poco más de un año.
Desde las mesas de dinero remarcan que el Banco Central y el Ministerio de Economía monitorean de cerca la liquidez para evitar sobresaltos en el tipo de cambio, y que el esquema de bandas cambiarias sigue funcionando como ancla de expectativas. La tensión de pesos, explican, suele darse en estos períodos de acumulación de vencimientos y pagos impositivos, y tiende a normalizarse en las semanas siguientes.
Un mercado que empieza a confiar
Más allá del ruido de corto plazo, el trasfondo de la historia es alentador: Argentina discute hoy niveles de tasas y mecanismos de esterilización de pesos, algo propio de una economía que empieza a funcionar con reglas de mercado después de años de cepo, intervencionismo y controles de precios que solo generaron escasez y mercado negro.
El desafío para el equipo económico será seguir afinando la política monetaria sin generar sobresaltos innecesarios, pero el diagnóstico de los principales operadores financieros es que el rumbo de ajuste fiscal y disciplina monetaria encarado por Milei y Caputo es el camino correcto para dejar atrás la inflación crónica y recuperar la confianza de los inversores, algo que el populismo kirchnerista nunca pudo ni quiso lograr.



