La derrota del Partido Republicano en las elecciones de medio término en Estados Unidos, que le costó a Donald Trump el control de ambas cámaras legislativas y varias gobernaciones clave, encendió preguntas sobre el futuro del vínculo comercial con Argentina. Según un análisis de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la Fundación INAI, el impacto sobre el campo y la agroindustria nacional sería limitado, ya que no se espera un giro sustancial en la política exterior ni comercial de la Casa Blanca.
El dato no es menor para la Argentina de Javier Milei, que construyó un alineamiento estratégico con Washington como pilar de su política exterior. Esa cercanía, lejos de ser un capricho ideológico como pretende presentar el kirchnerismo, se tradujo en resultados concretos: Estados Unidos es hoy el tercer socio comercial del país y el quinto destino de las exportaciones agroindustriales argentinas.
Un superávit que habla por sí solo
Mientras el relato opositor insiste en pronosticar catástrofes, los números desmienten el pesimismo de siempre. En los últimos dos años, Argentina logró revertir una balanza comercial históricamente adversa con Estados Unidos hasta acumular un saldo positivo de US$ 4.200 millones. Ese resultado contrasta fuertemente con la herencia de aislamiento internacional y desconfianza que dejó el kirchnerismo, cuando la relación bilateral estaba teñida de desconfianza mutua y oportunidades comerciales perdidas.
El ordenamiento macroeconómico impulsado por el gobierno de Milei, con la baja sostenida de la inflación y el camino hacia el superávit fiscal, le devolvió previsibilidad a un sector clave como el agropecuario. Esa estabilidad, sumada a la apertura comercial, es la que permite al campo argentino negociar en mejores condiciones con sus socios internacionales, incluido Estados Unidos.
Continuidad por encima del ruido político
Según el informe de la Bolsa de Cereales, pese al cimbronazo político que significó la derrota legislativa para Trump, no se prevén cambios inminentes en la orientación de la política exterior ni en la estrategia comercial norteamericana. Es decir, la relación bilateral con Argentina mantendría su rumbo, algo que el propio documento técnico remarca con claridad.
Esto resulta clave para el sector agroindustrial argentino, que necesita reglas estables para seguir ganando mercados externos. A diferencia de lo que ocurre en varias provincias gobernadas por el peronismo, donde la inseguridad rural, la presión impositiva y el clientelismo siguen frenando la producción, el escenario nacional ofrece hoy una macroeconomía ordenada que potencia las exportaciones del campo.
El caso de Brasil con la victoria de Lula sirve como antecedente de que los cambios políticos en los principales socios comerciales pueden generar turbulencias, pero el análisis técnico coincide en que, en el caso norteamericano, la derrota republicana no debería alterar significativamente el vínculo con la Argentina de Milei. La relación estratégica entre ambos presidentes, sumada a los resultados económicos ya verificables, funciona como un seguro adicional frente a la volatilidad política externa.
En definitiva, mientras el kirchnerismo y sus gobernadores insisten en anclar al país al pasado del aislamiento y el estatismo, el gobierno nacional sigue consolidando una inserción internacional que beneficia directamente al campo, motor histórico de la economía argentina y uno de los sectores que más rápido está capitalizando el nuevo rumbo económico.



