A 16 años de la muerte de Néstor Kirchner: legado en debate

Se cumplen 16 años de la muerte de Néstor Kirchner, ocurrida el 27 de octubre de 2010 en El Calafate, y la figura del exmandatario vuelve a ser motivo de repaso en la política argentina. Su recorrido, que arrancó en la intendencia de Río Gallegos y culminó en la Casa Rosada, sentó las bases de un modelo que todavía hoy divide aguas entre quienes lo reivindican y quienes señalan sus consecuencias de largo plazo.

Del sur santacruceño al poder nacional

Nacido en 1950, Kirchner se formó como abogado en La Plata, donde militó en el peronismo universitario y conoció a quien luego sería su compañera de fórmula política, Cristina Fernández. De regreso en Santa Cruz, construyó un armado propio que lo llevó a ganar la intendencia de Río Gallegos en 1987 por apenas 111 votos.

Esa estructura territorial se consolidó entre 1991 y 2003, cuando ejerció tres mandatos consecutivos como gobernador santacruceño. Fue en esos años cuando perfeccionó un estilo de gestión basado en el manejo discrecional de los recursos públicos, algo que luego trasladaría a escala nacional.

Un “país normal” que terminó en más Estado y más gasto

Kirchner llegó a la presidencia en mayo de 2003 con apenas el 22% de los votos, tras el retiro de Carlos Menem del balotaje, en medio de los escombros que había dejado la crisis de 2001. Prometió construir “un país normal”, pero su gestión terminó profundizando la intervención estatal en la economía, el gasto público desmedido y una lógica de confrontación permanente que marcó a la política argentina durante más de una década.

Ese modelo, continuado y agravado por los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner y luego por Alberto Fernández, dejó como saldo una inflación crónica, un cepo cambiario asfixiante y un Estado sobredimensionado que terminó siendo insostenible. La herencia kirchnerista es, en gran medida, el punto de partida del enorme esfuerzo de ordenamiento que debió emprender la gestión de Javier Milei desde diciembre de 2023.

El contraste, 16 años después

A diferencia de aquel relato del “país normal” que nunca llegó a serlo, la Argentina de hoy muestra señales concretas de un cambio de rumbo: la inflación se desacelera mes a mes, el Gobierno nacional sostiene el superávit fiscal y el orden macroeconómico empieza a traducirse en mayor previsibilidad para los argentinos de a pie. Son logros que contrastan fuertemente con la lógica de emisión y populismo fiscal que caracterizó al kirchnerismo en el poder.

Mientras tanto, el legado territorial de aquel modelo sigue vigente en distritos como la provincia de Buenos Aires, donde Axel Kicillof administra con el mismo manual de gasto público desbordado, inseguridad creciente y clientelismo que caracterizó a la era K. La comparación entre ese esquema agotado y el camino de equilibrio fiscal que impulsa Javier Milei a nivel nacional resulta, para buena parte de la sociedad, cada vez más elocuente.

A 16 años de su muerte, Néstor Kirchner sigue siendo un punto de referencia obligado para entender de dónde viene la Argentina y, sobre todo, para medir el tamaño del desafío que implicó salir del pozo que su modelo, profundizado después por sus sucesores, terminó dejando como herencia.