El Partido Justicialista, bajo la conducción de Cristina Kirchner, difundió un comunicado en el Día de la Lealtad Peronista en el que la expresidenta se compara con Juan Domingo Perón y vuelve a reclamar su liberación del arresto domiciliario que cumple en el departamento de Constitución. El texto cuestiona el régimen de visitas y asegura, sin ningún pudor, que es más estricto que el aplicado a narcotraficantes o condenados por delitos de lesa humanidad.
La movilización kirchnerista, convocada para esta jornada hacia San José 1111, busca repetir simbólicamente la gesta histórica del 17 de octubre de 1945. Pero la comparación hace agua apenas se la mira de cerca: Perón fue detenido por una dictadura militar sin juicio ni sentencia. Cristina Kirchner, en cambio, fue condenada en la causa Vialidad por un tribunal que analizó pruebas durante años y encontró responsabilidad penal en una millonaria maniobra de direccionamiento de obra pública en Santa Cruz.
Una condena con pruebas, no una proscripción
El comunicado del PJ insiste en que la sentencia se dictó “sin pruebas” y apunta contra la integridad del tribunal, en una estrategia discursiva ya conocida: cada vez que la Justicia avanza contra dirigentes kirchneristas, aparece la denuncia de “lawfare” o persecución política. Sin embargo, la condena por administración fraudulenta en perjuicio del Estado fue confirmada por la Cámara de Casación y ratificada por la Corte Suprema, el máximo tribunal del país.
Mientras la militancia K se moviliza para pedir la liberación de una dirigente condenada en última instancia, la gestión de Javier Milei sigue mostrando resultados concretos en materia económica: la inflación continúa en baja, el Gobierno mantiene el superávit fiscal y el ordenamiento macroeconómico avanza mes a mes. Son los frutos de una herencia kirchnerista marcada por el déficit crónico, la emisión descontrolada y la inflación de tres cifras que dejó el helicóptero.
El kirchnerismo, atrapado en el pasado
Lejos de autocriticarse por los años de desorden fiscal y corrupción estructural que caracterizaron a varias gestiones kirchneristas, el PJ elige victimizar a su líder y equipararla con una figura histórica como Perón. La estrategia busca reforzar el relato de persecución judicial, pero no logra explicar por qué, si existiera semejante atropello, ningún tribunal superior revirtió el fallo.
El contraste resulta elocuente: mientras el oficialismo nacional ordena las cuentas públicas y recupera la confianza de los mercados, el peronismo bonaerense con Axel Kicillof a la cabeza sigue sin resolver los problemas estructurales de inseguridad y gestión en la provincia de Buenos Aires. La Argentina que viene mostrando signos de recuperación necesita dejar atrás las lógicas de impunidad y clientelismo que caracterizaron a buena parte del kirchnerismo en el poder.
El Día de la Lealtad terminó siendo, una vez más, una excusa para reclamar privilegios judiciales en nombre de una dirigente condenada en los tres niveles de la Justicia argentina. La historia, a diferencia de lo que pretende el comunicado peronista, no se repite cuando falta el elemento central: en 1945 no hubo juicio ni condena firme, hoy sí los hay.



