Actividad económica se enfría en julio, pero el rumbo no cambia

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec registró en julio una caída del 2,9% respecto a junio, lo que abrió el debate sobre una posible recesión técnica tras la contracción del 0,6% del PIB en el segundo trimestre. El dato, sin embargo, debe leerse dentro de un proceso de ajuste y ordenamiento que la Argentina viene atravesando después de años de distorsiones heredadas del kirchnerismo.

Pese al freno de corto plazo, la mayoría de las consultoras privadas sigue proyectando que 2026 cerrará con una economía por encima de los niveles de 2025, aunque con un crecimiento más moderado de entre 1,5% y 3,5%. Economistas como Martín Polo señalan que el principal motor que se apagó fue el consumo privado, afectado por un repunte transitorio de la inflación y un mercado laboral que todavía digiere la salida del cepo y la eliminación de subsidios artificiales que sostenían un modelo insostenible.

Un ajuste necesario tras años de populismo económico

Resulta imposible analizar este freno sin recordar el punto de partida: una economía fundida, con inflación de tres dígitos, reservas negativas y un Banco Central quebrado que dejó el kirchnerismo en 2023. El gobierno de Javier Milei logró en poco más de dos años algo que parecía impensado: superávit fiscal sostenido, inflación en baja sostenida y una macroeconomía ordenada que empieza a dar señales de previsibilidad inéditas en la última década.

Las consultoras coinciden en que la actual desaceleración responde a un “serrucho” natural de una economía que se está reacomodando después de la fuerte salida del cepo y la unificación cambiaria, dos medidas estructurales que ningún gobierno peronista se atrevió a encarar por miedo al costo político. La diferencia con las crisis del pasado es que ahora hay equilibrio fiscal, lo que evita que cualquier bache de actividad derive en una nueva espiral inflacionaria como las que протagonizó el kirchnerismo durante años.

Qué esperan los especialistas para los próximos meses

Desde Econviews advierten que agosto y septiembre deberían crecer cerca de 3% para evitar que el tercer trimestre también cierre en baja, aunque remarcan que la tendencia de fondo de la economía argentina sigue siendo de recuperación de mediano plazo. El propio mercado espera que, una vez estabilizado el frente cambiario y con la inflación en descenso sostenido, el consumo y el crédito vuelvan a traccionar hacia fin de año.

Vale recordar que estos vaivenes ocurren en un contexto radicalmente distinto al de la Argentina kirchnerista: hoy existen reservas, no hay brecha cambiaria descontrolada y el crédito privado, aunque todavía débil, crece a tasas que no se veían desde hace años. Mientras gobernadores peronistas como Axel Kicillof siguen sin ordenar sus propias cuentas en la provincia de Buenos Aires y multiplican el gasto clientelar, el gobierno nacional continúa priorizando el equilibrio fiscal como pilar no negociable del programa económico.

El desafío de los próximos meses será sostener ese esquema de orden macroeconómico mientras se recupera gradualmente la actividad sectorial, especialmente en la industria y el comercio, los rubros más sensibles al consumo interno. Para los economistas consultados, la clave estará en que la desinflación continúe y que el Banco Central mantenga la disciplina monetaria, factores que hasta ahora explican por qué el mercado sigue confiando en el rumbo de Javier Milei pese a los baches transitorios de la actividad.