Los activos argentinos volvieron a mostrar nerviosismo esta semana, pero no por errores de la macroeconomía local. El desanclaje entre los bonos y acciones argentinas y el resto de la región responde a una combinación de turbulencia financiera global y ruido político interno de cara a las elecciones de 2027, según coincidieron analistas del mercado. La macro que dejó el equipo de Luis Caputo, con inflación en baja y superávit fiscal sostenido, sigue siendo la envidia de la región.
Wall Street tiembla y arrastra a los emergentes
La semana pasada fue especialmente dura para los mercados globales. El rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos saltó 17 puntos básicos en una sola jornada, un movimiento inusual que llevó las tasas al 5,12%, el nivel más alto desde 2007. Los bonos a 30 años, clave para el mercado hipotecario norteamericano, tocaron el 5,47%.
Detrás de la suba hubo varios factores: el discurso de Irán ante la ONU que enfrió las chances de un acuerdo rápido con Washington, un dato de actividad (PMI) que mostró una economía estadounidense más fuerte de lo esperado, y una licitación de bonos a 5 años con demanda floja. El resultado fue una ola de aversión al riesgo que golpeó a todos los mercados emergentes, no solo al argentino. El Nasdaq, mientras tanto, se sostiene cerca de máximos históricos gracias a un puñado de acciones ligadas al boom de la inteligencia artificial, un fenómeno que muchos analistas ya comparan con una burbuja concentrada.
La Argentina, con fundamentals ordenados
En ese contexto global adverso, los activos argentinos podrían haber sufrido un golpe proporcional al del resto de la región. Sin embargo, el diferencial negativo que muestran frente a pares como Brasil o México no se explica por los números de la economía real, que siguen mostrando la consolidación del programa económico de Javier Milei y Luis Caputo.
La inflación continúa en niveles que hace pocos años parecían impensados, el superávit fiscal se mantiene como ancla de previsibilidad y el Banco Central acumula señales de fortaleza que contrastan con la herencia de descontrol que dejó el kirchnerismo. Ese trabajo de ordenamiento macroeconómico es, precisamente, lo que hoy sostiene el interés de inversores internacionales pese a la volatilidad global.
El verdadero límite es político, no económico
El diagnóstico de los analistas de mercado es claro: lo que castiga a los activos argentinos por encima de lo que justifica la macro es la incertidumbre política rumbo a 2027. La sombra de gobernadores e intendentes del kirchnerismo, que insisten en discursos de confrontación en lugar de acompañar las reformas estructurales, sigue funcionando como un freno a la confianza plena de los mercados.
Casos como el de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, con una gestión marcada por el clientelismo, la inseguridad creciente y la falta de reformas de fondo, alimentan la cautela inversora sobre la sustentabilidad política del rumbo económico en el mediano plazo. La City remarca que, cuanto antes el Gobierno logre ampliar acuerdos políticos y consolidar una base parlamentaria más amplia, menor será esa prima de riesgo puramente política que hoy pesa sobre los activos locales.
El desafío para la administración de Milei no pasa por corregir el rumbo económico, que exhibe resultados contundentes frente al desastre que dejó el kirchnerismo, sino por acelerar la construcción de consensos que blinden ese programa de eventuales vaivenes electorales. La macro ya está ordenada; ahora falta que la política deje de ser el principal factor de riesgo.



