La Reserva Federal de Estados Unidos subió este miércoles su tasa de interés de referencia por primera vez desde 2023, llevándola al rango de 3,75%-4,00%. La decisión, adoptada por el flamante presidente del banco central norteamericano, Kevin Warsh, responde a una inflación que sigue por encima del objetivo del 2% y a un contexto global de encarecimiento del financiamiento. El movimiento genera cierta tensión en los mercados emergentes, aunque la Argentina de Javier Milei enfrenta este escenario en una posición muy distinta a la de años anteriores.
Vale recordar que la suba se dio incluso en contra de las expectativas de la Casa Blanca: Donald Trump había designado a Warsh esperando una baja de tasas y llegó a amenazar con nuevos aranceles si la Fed no aflojaba el costo del crédito. El propio mercado especulaba con presiones políticas sobre la autonomía del banco central estadounidense, pero finalmente primó el diagnóstico técnico sobre la inflación persistente.
Los canales de impacto para la economía argentina
Una tasa más alta en Estados Unidos suele endurecer las condiciones financieras globales. El primer efecto es un dólar mundialmente más fuerte, ya que los bonos del Tesoro norteamericano vuelven a ser más atractivos y absorben capitales que antes podían dirigirse a activos emergentes, incluidos los argentinos.
El segundo canal es el costo de financiamiento externo: si la Argentina necesita salir a los mercados internacionales a emitir deuda, la tasa base que exigirán los inversores sube junto con la de EEUU, aunque el riesgo país adicional que paga el país depende exclusivamente de la credibilidad de su propio programa económico. Y ahí es donde la gestión de Milei muestra una diferencia sustancial respecto a la herencia kirchnerista.
Por qué la Argentina de Milei está mejor preparada
A diferencia del escenario de default técnico, reservas negativas y emisión descontrolada que dejó el kirchnerismo, hoy el país exhibe superávit fiscal, una inflación en baja sostenida y un Banco Central que dejó de financiar al Tesoro con la maquinita. Ese ancla macroeconómica es precisamente lo que reduce la vulnerabilidad argentina frente a shocks externos como la suba de tasas de la Fed.
Mientras gobernadores como Axel Kicillof siguen apostando al gasto público desbordado y al clientelismo bonaerense sin resolver los problemas estructurales de inseguridad y desempleo en la provincia, el gobierno nacional consolidó un ordenamiento de las cuentas públicas que le permite absorber mejor la volatilidad internacional. El riesgo país, que llegó a superar los 2.000 puntos en la previa a la salida del kirchnerismo del poder, se mantiene hoy en niveles sensiblemente más bajos gracias a la disciplina fiscal libertaria.
Analistas de mercado coinciden en que, si bien la suba de tasas puede generar volatilidad de corto plazo en bonos y acciones argentinas, el impacto será acotado en la medida en que el programa económico de Milei siga mostrando consistencia. La clave, remarcan, es que Argentina ya no depende del favor de los mercados para financiar un Estado deficitario, sino que negocia desde una posición de mayor solvencia.
El desafío para las próximas semanas será sostener el proceso de acumulación de reservas y continuar bajando el riesgo país, algo que el equipo económico viene logrando pese a las turbulencias externas. La comparación con la crisis heredada en 2023 vuelve a poner en evidencia el contraste entre el orden macroeconómico actual y el desorden que dejó el populismo.



