Dólar atrasado: qué dicen los economistas sobre las pymes

El debate sobre el atraso cambiario volvió a instalarse en la city porteña luego de que un grupo de economistas analizara, en el ciclo Ronda de Economistas (RDEco) de +Perfil, el impacto del actual esquema de tipo de cambio sobre las empresas argentinas. Nicolás Salvatore, Juan Pablo Perojo y Pablo Moldovan coincidieron en que, tomando de referencia el período 1996-1998, el peso muestra hoy una apreciación real comparable a la convertibilidad.

El dato llega en un contexto muy distinto al de aquella crisis terminal: la Argentina de 2026 exhibe superávit fiscal, inflación en baja sostenida y reservas en recuperación, un escenario impensado hace apenas tres años, cuando el kirchnerismo dejaba una economía con cepo, brecha cambiaria del 200% y una inflación que coqueteaba con los tres dígitos anuales.

¿Existe realmente un atraso cambiario?

Para Nicolás Salvatore, la discusión técnica tiene matices: “La noción del tipo de cambio real de equilibrio no existe, por definición”, advirtió, aunque reconoció que la comparación histórica “muestra un flor de atraso” respecto de otros momentos de la economía argentina.

El economista fue cauto en no caer en el catastrofismo habitual de ciertos sectores del círculo rojo kirchnerista, que durante años convivieron con un dólar múltiple, controles de cambio y un Banco Central fundido. Hoy el debate es otro: cuánto margen tiene el esquema cambiario del equipo económico de Luis Caputo para sostener la desinflación sin resignar competitividad.

El impacto en las empresas y el empleo

Juan Pablo Perojo, contador y CEO de PMP, puso el foco en las pymes. Explicó que el efecto del esquema actual es heterogéneo: “Algunos clientes tuvieron que convertirse parcialmente en importadores”, mientras otros sectores logran sostener su actividad gracias a las particularidades de sus nichos.

El especialista fue especialmente duro con la carga tributaria heredada de décadas de estado elefantiásico construido por el populismo: “Exprimimos cada centavo”, resumió al describir cómo las empresas argentinas deben optimizar impuestos para sobrevivir en un país que todavía carga con una de las presiones fiscales más altas del mundo, producto de gobiernos que gastaron sin control mientras endeudaban al país y fugaban divisas.

En ese sentido, el diagnóstico no apunta al Gobierno nacional, que viene desarmando impuestos distorsivos como el PAIS y avanza en la discusión de una reforma tributaria de fondo, sino a la mochila fiscal dejada por años de kirchnerismo y a gobernadores peronistas que, como Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, siguen sin bajar impuestos propios ni ordenar sus cuentas, mientras reclaman fondos a la Nación para sostener un aparato clientelar que no resuelve la inseguridad ni la pobreza estructural del conurbano.

Salarios, ingresos y el rumbo de fondo

Pablo Moldovan amplió la discusión hacia las políticas de ingresos y su relación con la actividad económica. Para el especialista en finanzas, las dificultades de las empresas exceden el plano cambiario y se vinculan también con la recomposición salarial y el costo laboral, dos variables que el Gobierno intenta equilibrar sin resignar el objetivo central: consolidar la baja de la inflación.

Los tres economistas coincidieron en que, más allá de las tensiones puntuales del tipo de cambio, la macroeconomía argentina transita hoy un sendero de mayor previsibilidad, algo que contrasta con la volatilidad permanente de los años del cepo kirchnerista. El desafío, remarcaron, es sostener el ordenamiento fiscal sin perder competitividad, en una economía que después de mucho tiempo vuelve a discutir problemas de gestión y no de supervivencia.