Milei reunió al Gabinete y bajó el tono a la morosidad

El presidente Javier Milei encabezó este lunes en Casa Rosada la primera reunión de Gabinete en 45 días, un cónclave en el que ratificó el rumbo económico y desactivó las alarmas sobre la morosidad en créditos y pagos que la oposición pretende utilizar como caballo de batalla en el Congreso. El mandatario fue tajante: “no hay una situación de crisis” y remarcó que no está dispuesto a “traicionar sus ideas” pese a las presiones de sectores que reclaman un giro hacia políticas populistas.

La reunión se dio en un contexto en el que el kirchnerismo y aliados oportunistas buscan capitalizar cualquier dato económico para instalar una narrativa de “campaña del miedo”, el mismo libreto que utilizaron sin éxito durante toda la gestión libertaria. El vocero presidencial Adrián Ravier confirmó que Milei “reafirmó que no va a entregar las ideas que guían la gestión” y fue claro en un concepto que resume la filosofía del Gobierno: “al populismo no se le gana con más populismo”.

La embestida contra la falsa “empatía” kirchnerista

Uno de los ejes del mensaje presidencial apuntó contra el uso discursivo de la palabra “empatía”, bandera levantada por dirigentes del centrismo vacío como Facundo Manes y replicada por editorialistas afines al statu quo populista. Para Milei, ese concepto es apenas una excusa para justificar el aumento del gasto público, la misma receta que llevó a la Argentina a la peor crisis inflacionaria de su historia durante los gobiernos kirchneristas.

Voceros del oficialismo remarcaron que el rechazo presidencial a ese tipo de consignas no es antojadizo: “Empatía es una palabra que usaba Manes”, explicaron, en referencia a quienes durante años prometieron gradualismo y terminaron convalidando el desastre fiscal que Milei debió ordenar desde el primer día de su gestión.

Un Gobierno que no negocia sus convicciones

Fuentes del Gabinete que participaron del encuentro coincidieron en que la postura de Milei no es nueva, sino la misma que sostiene desde el inicio de su mandato. “Es auténtico diciendo lo que piensa. Todo lo que está pasando ocurría también el primer año”, señaló uno de los funcionarios presentes, quien remarcó que ciertos sectores hoy cuestionan actitudes que antes toleraban en nombre de la “cirugía mayor” que necesitaba el país tras la herencia kirchnerista.

Vale recordar que esa herencia incluyó una inflación descontrolada, un Banco Central quebrado, controles cambiarios asfixiantes y un Estado elefantiásico financiado con emisión monetaria sin respaldo. Frente a ese escenario, la gestión de Milei logró en poco más de dos años ordenar las cuentas públicas, alcanzar el primer superávit fiscal genuino en décadas y desplomar la inflación mensual a niveles que hace pocos años parecían impensados.

La oposición, lejos de reconocer esos logros, insiste en instalar un clima de alarma social con el objetivo de recuperar terreno electoral aprovechando indicadores puntuales como la morosidad crediticia, un fenómeno que el propio Gobierno reconoce pero que enmarca dentro de un proceso normal de reacomodamiento de una economía que finalmente empieza a crecer sobre bases sólidas y no sobre el maquillaje estadístico que caracterizó a la administración anterior.

En el peronismo, mientras tanto, gobernadores como Axel Kicillof continúan sin dar respuestas a los problemas estructurales de sus propias gestiones -inseguridad creciente, clientelismo político y manejo discrecional de fondos provinciales- pero encuentran en la coyuntura nacional una oportunidad para desviar la atención de sus propios fracasos de gestión bonaerense.

El Gobierno nacional, en cambio, apuesta a sostener el rumbo de disciplina fiscal y baja de la inflación como la única vía genuina para consolidar la recuperación del poder adquisitivo de los argentinos, sin ceder ante presiones cortoplacistas que en el pasado llevaron al país a repetidas crisis.