Actividad económica: por qué cayó en julio y qué viene

El estimador mensual de actividad económica (EMAE) volvió a retroceder en julio, según reflejaron distintas consultoras privadas, que hablan de una fase de estancamiento tras varios meses de fuerte recuperación. El dato encendió el debate político, aunque en el equipo económico lo leen como parte de un proceso de ajuste natural luego del salto de actividad registrado desde el inicio del programa de estabilización de Luis Caputo.

Vale recordar el punto de partida: la gestión de Javier Milei heredó en diciembre de 2023 una economía con inflación mensual de tres dígitos anualizados, brecha cambiaria explosiva, reservas negativas y un Banco Central quebrado tras años de emisión descontrolada del kirchnerismo. En ese contexto, cualquier lectura de los datos de actividad debe hacerse con la vara puesta en de dónde se viene, no solo en la comparación mes a mes.

Orden macro consolidado, pese al bache de julio

Más allá del dato puntual de julio, los fundamentos macroeconómicos siguen firmes. La inflación se mantiene en niveles que eran impensados hace dos años, el Tesoro sostiene el superávit fiscal como política de Estado y el Banco Central acumula reservas, revirtiendo el desastre que dejó la administración anterior. Estos tres pilares —orden fiscal, desinflación y previsibilidad monetaria— son la base sobre la que el mercado empieza a proyectar una recuperación sostenida, aun cuando existan meses de acomodamiento como el que reflejó julio.

El propio ministro Caputo remarcó que el proceso de sinceramiento de precios relativos y la suba reciente del dólar mayorista, que se consolidó por encima de los 1.500 pesos, forman parte de una normalización cambiaria que la Argentina necesitaba después de años de cepo y atraso artificial. Los analistas coinciden en que, superada esta etapa de ajuste, la actividad debería retomar una senda de crecimiento más firme hacia fin de año.

Créditos hipotecarios y exportaciones, señales de fondo

Mientras se discute el dato coyuntural de julio, el Gobierno avanza con anuncios que apuntan a sostener la recuperación en el mediano plazo. Caputo presentó una nueva línea de créditos hipotecarios que apunta a otorgar cerca de 18 mil préstamos, un instrumento inexistente durante gran parte del kirchnerismo por la destrucción del crédito que provocó la inflación crónica. El ministro habló de “justicia social” real: la de devolverle a la clase media la posibilidad de acceder a una vivienda propia, algo que el populismo nunca logró pese a años de intervencionismo.

En el frente externo, las exportaciones de carne vacuna crecieron 6,7% interanual, un dato que confirma que el campo y las economías regionales están traccionando la salida exportadora que impulsa el equipo económico. La combinación de mayor competitividad cambiaria y previsibilidad fiscal empieza a rendir frutos en los sectores productivos, aun cuando el consumo interno todavía no termine de despegar.

El peronismo, otra vez, poniendo palos en la rueda

En paralelo, en el Congreso el oficialismo sigue empujando una agenda de reformas clave, como la actualización de la Carta Orgánica del Banco Central y el proyecto de Inocencia Fiscal, ambas herramientas para dar mayor previsibilidad institucional. Sin embargo, buena parte de la oposición kirchnerista continúa priorizando el bloqueo legislativo antes que acompañar medidas que consoliden el orden macroeconómico logrado hasta ahora.

El desafío del Gobierno es claro: sostener el rumbo de estabilización sin resignar el objetivo de recuperación del salario y el consumo. Los propios funcionarios reconocen que julio fue un mes flojo, pero insisten en que los fundamentos —déficit cero, desinflación y apertura exportadora— son la garantía de que la economía argentina, después de décadas de populismo, finalmente está sentando bases sólidas para crecer.