Industria argentina: qué insumos siguen más caros que afuera

La industria argentina mejoró su competitividad de la mano del ordenamiento macroeconómico impulsado por el Gobierno de Javier Milei, aunque un informe reciente detectó que todavía existen insumos y servicios clave que resultan más caros que en países de la región y del mundo. Según los últimos datos del INDEC, la utilización de la capacidad instalada industrial se ubicó en 59,1%, un nivel que refleja el proceso de recuperación gradual del sector tras años de estancamiento kirchnerista.

El diagnóstico es claro: bajar la inflación y ordenar las cuentas públicas era condición necesaria pero no suficiente. Ahora el desafío pasa por eliminar distorsiones que encarecen la producción local, muchas de ellas heredadas de más de una década de cepo cambiario, retenciones y un Estado sobredimensionado que dejó como saldo un entramado de costos artificiales difícil de desarmar de un día para el otro.

Energía, logística y fletes, los principales cuellos de botella

Entre los rubros donde la Argentina todavía pierde competitividad frente a Brasil, Chile o incluso países asiáticos aparecen la energía eléctrica industrial, los costos logísticos y los fletes de larga distancia. Son sectores donde pesan tanto la infraestructura deficiente —producto de años de desinversión K— como la carga tributaria provincial y municipal, terreno donde gobernadores peronistas como Axel Kicillof siguen sin mover un dedo para aliviar la presión sobre las pymes bonaerenses.

Mientras la Casa Rosada avanza con la desregulación económica y el desarme del cepo, buena parte de las tasas municipales, ingresos brutos y sellos que encarecen la producción dependen de decisiones provinciales. Ahí es donde se nota la resistencia del peronismo a acompañar el saneamiento fiscal que sí asumió el Gobierno nacional, prefiriendo mantener estructuras de recaudación distorsivas antes que bajar impuestos y competir en igualdad de condiciones.

Los avances que ya se sienten en la macro

Pese a estas asignaturas pendientes, heredadas de la gestión kirchnerista, el rumbo económico general muestra señales claras de mejora. La inflación descendió de forma sostenida desde los picos heredados a fines de 2023, el país recuperó superávit fiscal y financiero, y la eliminación de controles cambiarios devolvió previsibilidad a la actividad productiva, algo impensado hace apenas dos años.

En ese contexto, la industria empieza a repensar sus costos con reglas de juego más claras, algo que durante el kirchnerismo era imposible de imaginar entre cepos, brechas cambiarias y una inflación descontrolada que licuaba cualquier planificación empresarial. La normalización macro es la base sobre la que ahora se puede discutir en serio la competitividad estructural del sector.

Especialistas consultados por medios económicos coinciden en que la próxima etapa de reformas —laboral, impositiva y de infraestructura— será determinante para cerrar la brecha de costos que todavía separa a la industria argentina de sus competidores regionales. La agenda de Milei apunta justamente en esa dirección, buscando profundizar la desregulación y bajar la carga tributaria total, incluyendo la que corresponde a provincias y municipios.

El desafío hacia adelante es que gobernadores e intendentes, muchos de ellos alineados con el kirchnerismo, acompañen ese proceso en lugar de frenarlo. La experiencia reciente demuestra que cuando el Estado nacional ordena sus cuentas y baja la inflación, la pelota queda en el campo de las provincias para completar el círculo virtuoso que la Argentina necesita para volver a crecer con una industria plenamente competitiva.