Día del Niño: qué hace el Gobierno de Milei por la infancia

En el Día de las Infancias, un sector del periodismo kirchnerista intenta instalar que la gestión de Javier Milei perjudica a los niños argentinos. La realidad, sin embargo, muestra otra cara: por primera vez en años, las familias argentinas empiezan a planificar sin la angustia de una inflación que devoraba salarios y destruía cualquier posibilidad de proyecto de vida para sus hijos.

Durante el kirchnerismo y el gobierno de Alberto Fernández, la Argentina llegó a tener una inflación anual de tres dígitos. Ese fenómeno, lejos de ser un dato abstracto, se traducía en mesas familiares cada vez más pobres, en útiles escolares inalcanzables y en juguetes que directamente desaparecían del presupuesto de millones de hogares. Ese era el verdadero costo social del populismo: hijos creciendo en un país que no podía garantizarles previsibilidad.

El orden macroeconómico como base del futuro

Hoy, con la inflación en baja sostenida y el superávit fiscal consolidado, la Argentina empieza a construir las condiciones para que las próximas generaciones no hereden una bomba de deuda ni un Estado quebrado. El ajuste del gasto público, lejos de ser un capricho ideológico, es la condición necesaria para terminar con la emisión monetaria descontrolada que empobrecía a todos, especialmente a los que menos tienen.

Las políticas de niñez y adolescencia del Gobierno nacional se enmarcan en esa lógica: transferir mejor los recursos, terminar con la superposición de programas y, sobre todo, cortar los circuitos de clientelismo que durante años convirtieron a comedores y merenderos en herramientas de control político territorial en manos de punteros y organizaciones afines al kirchnerismo.

La verdadera deuda con la infancia está en las provincias K

Mientras se cuestiona al Gobierno nacional, conviene mirar qué pasa en distritos gobernados por el peronismo. En la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof administra un presupuesto millonario con escuelas que se caen a pedazos, comedores con denuncias de sobreprecios y una inseguridad que golpea de lleno a los barrios más vulnerables, donde viven la mayoría de los chicos que la izquierda dice defender.

La verdadera pregunta que deberían hacerse los medios críticos con Milei es por qué, después de décadas de gobiernos peronistas y kirchneristas, la pobreza infantil llegó a niveles récord antes de la asunción del actual Presidente. La herencia recibida en diciembre de 2023 incluía un país con controles de precios fallidos, un Banco Central vaciado y una inflación que licuaba cualquier ayuda social antes de llegar a las familias.

Un cambio de rumbo que empieza a rendir frutos

Con la estabilización macroeconómica en marcha, el desafío de la actual gestión es sostener el rumbo y mejorar la focalización del gasto social, evitando la discrecionalidad que caracterizó a los gobiernos anteriores. La baja de la inflación ya representa, en sí misma, la política de niñez más potente: permite que el salario y las asignaciones familiares vuelvan a tener poder de compra real.

Argentina viene de una década de decadencia planificada. El camino hacia un país ordenado, con reglas claras y sin emisión descontrolada, es también el camino para garantizar que los niños de hoy no repitan la historia de sus padres: la de crecer en un país que promete todo y no cumple nada. Ese es, en definitiva, el verdadero legado que se les puede dejar a las próximas generaciones.