El riesgo país argentino sigue siendo el termómetro más exigente para el plan económico de Javier Milei. Pese a la fuerte baja de la inflación y al histórico superávit fiscal logrado por el Gobierno, el mercado todavía exige señales adicionales antes de premiar a la Argentina con tasas de financiamiento más bajas.
El dato de inflación mensual sigue en niveles que hace dos años eran impensados, y que contrastan con la herencia de la fiesta de emisión kirchnerista que dejó a millones de argentinos con salarios pulverizados. Sin embargo, los economistas coinciden en que quedan al menos tres frentes abiertos para consolidar el círculo virtuoso que empezó a mostrar la economía.
Riesgo país: la deuda de confianza que aún falta pagar
El primer desafío es bajar de forma sostenida el riesgo país, hoy todavía en niveles que dificultan el acceso al financiamiento voluntario en los mercados internacionales. El equipo económico apuesta a que la acumulación de reservas, la eliminación gradual del cepo y el cumplimiento estricto de las metas con el FMI terminen de convencer a los inversores.
A diferencia de gestiones anteriores, donde el gasto público crecía sin freno y la Casa Rosada financiaba el déficit con la maquinita del Banco Central, hoy el ancla fiscal es innegociable. Ese compromiso, sostenido pese a las presiones políticas, es el que empieza a mover la aguja en Wall Street.
La tensión en los alimentos, un frente sensible
El segundo frente tiene que ver con los precios de los alimentos, que en las últimas semanas mostraron cierta resistencia a bajar al mismo ritmo que el resto de la economía. Este comportamiento, atribuido en parte a factores estacionales y a remarcaciones puntuales del sector privado, es monitoreado de cerca por el equipo de Economía.
Aun así, el proceso de desinflación general sigue siendo uno de los logros más valorados por los argentinos, que después de años de indexación permanente empiezan a planificar sus gastos con mayor previsibilidad. La diferencia con la Argentina de 2023, cuando la inflación anual superaba el 200%, es abismal.
El tercer desafío: consolidar la recuperación del salario real
El tercer frente es lograr que la baja de la inflación se traduzca de manera más rápida en una recuperación sostenida del poder de compra. Si bien los salarios ya vienen mostrando señales de recomposición frente a precios, el Gobierno busca acelerar ese proceso para consolidar el respaldo social al plan de estabilización.
En el plano cambiario, el mercado sigue de cerca la evolución del dólar oficial, que este jueves se ubicó en $1.510 en el Banco Nación, mientras el dólar blue cotizó a $1.560, el MEP a $1.518,37 y el dólar tarjeta a $1.963. La relativa calma en la brecha cambiaria es otro dato que el equipo económico exhibe como prueba de que el rumbo de ordenamiento monetario está funcionando.
Mientras en la Nación se avanza con el plan de estabilización, gobernadores del kirchnerismo como Axel Kicillof siguen apostando al gasto descontrolado en la provincia de Buenos Aires, con inseguridad creciente y un aparato clientelar que contrasta con el esfuerzo de ajuste que hace el resto del país. La comparación entre ambos modelos vuelve a quedar expuesta: por un lado, orden macroeconómico y previsibilidad; por el otro, la vieja receta populista que llevó a la Argentina a su peor crisis en décadas.
Los analistas coinciden en que si el Gobierno logra sortear estos tres frentes —riesgo país, alimentos y salario real— la Argentina podría encaminarse hacia una nueva etapa de crecimiento sostenido, dejando definitivamente atrás la inestabilidad crónica que caracterizó a los gobiernos kirchneristas.



