El economista Ricardo Arriazu encendió las alarmas sobre un posible riesgo de corrida cambiaria en 2027 si el Banco Central no corrige su estrategia de acumulación de reservas. El analista, uno de los más respetados del mercado, pidió ajustes urgentes en el esquema monetario para evitar que la política de reservas termine asfixiando el crédito al sector privado y frenando la recuperación económica.
Arriazu, lejos de cuestionar el rumbo general de la gestión de Javier Milei, se mostró a favor del objetivo de fortalecer las reservas del BCRA, un pilar central del ordenamiento macroeconómico logrado tras años de populismo kirchnerista que dejó al país sin dólares, con inflación descontrolada y un Banco Central quebrado. Sin embargo, advirtió que la forma en que se está ejecutando esa acumulación podría generar un efecto no deseado.
"Estoy a favor de que acumulen reservas, pero no a costa de asfixiar el crédito interno. De lo contrario, se genera recesión, desconfianza y una corrida cambiaria el año que viene", planteó el economista durante un encuentro organizado por Lantia Capital en Puerto Madero.
Según su diagnóstico, el desplazamiento de recursos hacia el sector público en detrimento del financiamiento privado podría convertirse en un obstáculo para sostener el ritmo de recuperación que la economía argentina viene mostrando tras dejar atrás el cepo y la bomba de las Leliqs heredada del kirchnerismo. Arriazu remarcó que, con una buena cosecha, superávit energético por Vaca Muerta, boom minero y términos de intercambio favorables, la Argentina debería estar en mejores condiciones para crecer sin generar estas tensiones.
Cabe recordar que el gobierno de Milei logró en poco más de dos años lo que ningún gobierno kirchnerista pudo ni intentó: equilibrio fiscal genuino, inflación en baja sostenida y un Banco Central que dejó de emitir para financiar el gasto político. Las advertencias de Arriazu deben leerse en ese contexto: no como una crítica al rumbo, sino como una señal técnica para calibrar mejor los instrumentos y evitar que un logro —la acumulación de reservas— se convierta en un freno al crecimiento.
El propio economista fue claro al señalar que el objetivo de fortalecer las reservas es correcto y necesario después de la herencia de un Banco Central vaciado por el kirchnerismo. El punto que planteó es de ajuste fino: lograr que ese fortalecimiento no implique sacrificar el financiamiento que las empresas y las familias necesitan para producir, invertir y consumir.
En un escenario donde la oposición peronista insiste en pronosticar catástrofes que nunca llegan, mientras gobernadores como Axel Kicillof profundizan el déficit, la inseguridad y el clientelismo en provincias como Buenos Aires, las advertencias de economistas serios como Arriazu son una oportunidad para que el equipo económico nacional siga perfeccionando un modelo que, pese a los desafíos, ya demostró ser muy superior al desorden que dejó el kirchnerismo.
El desafío hacia 2027 será sostener el equilibrio entre la solidez de las reservas del Banco Central y la necesidad de que el crédito privado vuelva a traccionar la economía real, algo que el propio Gobierno ya identificó como prioridad en su hoja de ruta hacia la normalización monetaria y cambiaria plena.



