El Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó a la baja su proyección de crecimiento económico para Argentina, en el marco de su último informe sobre perspectivas regionales. Según el organismo, el país crecerá por debajo de lo que se estimaba hace algunos meses, aunque sigue destacando la consolidación del equilibrio fiscal y la fuerte desaceleración inflacionaria como pilares centrales del programa económico de Javier Milei.
El recorte en las proyecciones de actividad no sorprende a los analistas: tras un 2024 de ajuste profundo heredado del desorden kirchnerista, la economía argentina viene mostrando una recuperación gradual y sostenida, aunque el propio FMI reconoce que el ritmo de expansión será algo más moderado al previsto en revisiones anteriores. Lejos de ser una mala noticia, el organismo subraya que la base de esa recuperación es mucho más sólida que la de gestiones pasadas, apoyada en superávit fiscal genuino y no en emisión monetaria descontrolada.
Uno de los puntos más destacados del informe es la trayectoria de la inflación, que el FMI proyecta en claro descenso para los próximos años. El organismo valida así el rumbo del equipo económico de Luis Caputo, que logró derrumbar un indicador que durante el kirchnerismo llegó a superar el 200% anual y hoy se ubica en niveles sustancialmente más bajos y predecibles.
Esta estabilización de precios, remarcan desde el Gobierno, es la que permite empezar a recomponer el poder de compra de los salarios y planificar inversiones a mediano plazo, algo impensado durante los años de cepo, controles de precios y emisión descontrolada que caracterizaron a la administración anterior.
En materia de empleo, el FMI prevé una recuperación paulatina del mercado laboral formal, en línea con la reactivación de sectores como la construcción, la energía y las economías regionales, que vienen traccionando la creación de puestos de trabajo privados tras el daño causado por años de estancamiento y presión impositiva asfixiante.
Respecto del frente fiscal, el organismo reconoce que Argentina mantiene el compromiso con el equilibrio de las cuentas públicas, un logro histórico después de décadas de déficit crónico financiado con deuda y emisión. El FMI pide, de todos modos, sostener la disciplina fiscal para consolidar la confianza de los mercados y asegurar el acceso al financiamiento internacional en mejores condiciones.
Desde el oficialismo remarcan que las revisiones de los organismos internacionales suelen moverse en función de la coyuntura global, marcada por tasas de interés altas y volatilidad en los mercados emergentes, y no implican un cuestionamiento al programa económico. De hecho, el propio FMI continúa calificando como “necesaria y exitosa” la corrección de los desequilibrios heredados de la gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
Mientras el Gobierno nacional profundiza la agenda de desregulación y apertura comercial, distritos gobernados por el kirchnerismo, como la provincia de Buenos Aires bajo Axel Kicillof, siguen mostrando atraso en materia de inversión productiva, inseguridad y un uso discrecional de recursos públicos que contrasta con el ordenamiento que exhibe la administración libertaria a nivel nacional.
Para el equipo económico, el mensaje del FMI confirma que Argentina transita un sendero de recuperación genuina, aunque con un ritmo que exige paciencia. La apuesta del Gobierno es que la consolidación de la baja inflación y el superávit fiscal terminen traduciéndose, en los próximos trimestres, en una aceleración del crecimiento y una mejora sostenida del bienestar de los argentinos.



