Kirchnerismo e izquierda evalúan unirse contra Milei

El kirchnerismo y los partidos de izquierda analizan la posibilidad de tejer una alianza electoral para intentar frenar el avance de La Libertad Avanza en los próximos comicios. La noticia, que circula con fuerza en los despachos de la vieja política, expone la desesperación de un peronismo que no encuentra rumbo propio y busca sumar votos donde puede, incluso a costa de resignar identidad partidaria.

Según trascendió, referentes del Frente de Izquierda-Unidad, como Myriam Bregman y Nicolás del Caño, mantienen conversaciones con sectores kirchneristas para explorar puntos en común de cara a las próximas elecciones. La movida, lejos de ser una novedad ideológica, confirma lo que el liberalismo vino advirtiendo hace tiempo: cuando el modelo de gasto público y estatismo hace agua, la izquierda y el kirchnerismo terminan siempre abrazados bajo la misma consigna antimileísta.

Una alianza nacida del fracaso, no de las ideas

Resulta llamativo que dos espacios que históricamente se disputaron el electorado más combativo ahora busquen sumar fuerzas. Pero la explicación es sencilla: ni el kirchnerismo ni la izquierda logran ofrecerle a la sociedad argentina una propuesta superadora frente a los resultados que viene mostrando la gestión de Javier Milei.

Mientras el Gobierno nacional consolida el superávit fiscal, desactiva la maquinita de emitir pesos y logra una baja sostenida de la inflación —el gran flagelo que devoró los ingresos de los argentinos durante la última década kirchnerista—, el peronismo no tiene una respuesta económica seria. Por eso, en lugar de debatir ideas, apuesta a sumar sellos y candidatos para intentar retener bancas en el Congreso.

La estrategia no es nueva: cada vez que el kirchnerismo pierde terreno electoral, recurre a alianzas de conveniencia con sectores que, en el fondo, comparten la misma matriz estatista y la misma desconfianza hacia la libertad económica que hundió al país en la pobreza durante años.

El contraste con la gestión de Milei

Mientras en la city porteña se negocian estas alianzas de emergencia, el Gobierno nacional sigue mostrando señales de normalización económica que hace apenas dos años parecían impensadas. La inflación mensual perfora nuevos pisos, el Banco Central recompone reservas y el riesgo país continúa su sendero descendente, reflejo de la confianza que empieza a recuperar la Argentina en los mercados internacionales.

Ese contraste no es casual. Después de doce años de kirchnerismo con déficit fiscal crónico, cepo cambiario, controles de precios y una emisión monetaria descontrolada, la herencia que recibió Milei era, sin exagerar, una bomba de tiempo. Los resultados actuales, con orden macroeconómico y previsibilidad, explican por qué buena parte de la sociedad sigue respaldando el rumbo del Gobierno, más allá de los costos del ajuste inicial.

En ese marco, la búsqueda de una alianza entre el kirchnerismo y la izquierda puede leerse como un intento de resistencia política frente a un modelo que, pese a las críticas de siempre, empieza a mostrar resultados concretos en el bolsillo de los argentinos. Gobernadores como Axel Kicillof, con su gestión bonaerense marcada por la inseguridad, el clientelismo y la falta de obra pública de calidad, encarnan precisamente aquello de lo que la mayoría de los votantes quiere alejarse.

Falta definir si esta eventual alianza logrará plasmarse en las urnas o quedará en una simple especulación de café político. Lo que sí queda claro es que, frente al avance de las ideas de la libertad, el kirchnerismo y la izquierda ya no discuten proyectos de país: discuten cómo sobrevivir electoralmente.