El riesgo país argentino cerró la semana en 939 puntos básicos, un salto del 19,3% en cinco días que lo llevó al nivel más alto desde octubre de 2025. El dato llega en medio de un contexto internacional revuelto por el resultado adverso de Donald Trump en las elecciones de medio término en Estados Unidos, un factor que golpeó a varios mercados emergentes, aunque los bonos argentinos sintieron el impacto con más fuerza que sus pares de la región.
El equipo económico que conduce Luis Caputo atraviesa así unos días de mayor presión, aunque conviene poner el fenómeno en perspectiva: se trata de una corrección de mercado dentro de un proceso de estabilización macroeconómica que, con todas sus turbulencias, sigue siendo radicalmente superior al desorden fiscal y monetario heredado del kirchnerismo. Inflación en baja, superávit fiscal sostenido y un Banco Central que dejó de emitir para financiar el gasto político son logros que no se improvisan y que el mercado, más allá de los nervios de corto plazo, sigue reconociendo.
Qué dicen las consultoras sobre la suba
Desde la consultora PPI remarcaron que el deterioro de los bonos argentinos responde principalmente a factores internos, aunque reconocen que la volatilidad global no ayuda. Por su parte, 1816 señaló que en las últimas semanas los títulos argentinos rindieron peor que los de países comparables, una señal que el Gobierno deberá seguir de cerca.
En LCG apuntaron a un elemento clave: el resultado electoral en Estados Unidos reduce, al menos por ahora, la probabilidad de contar con un prestamista de última instancia como el que ofreció Washington en septiembre de 2025 frente a una eventual corrida cambiaria. Es el llamado ‘factor Bessent’, en referencia al secretario del Tesoro norteamericano, cuyo respaldo político había funcionado como un seguro adicional para los activos argentinos. Aun así, desde la misma consultora matizaron el escenario: ‘Es posible que, cuando la espuma baje, la mirada financiera se encauce a niveles no tan de pánico’.
El dato frío de los números
En la semana, los Bonares y Globales acumularon caídas de 6,0% y 5,7% respectivamente, y en lo que va del año la baja llega al 9,1% para los bonos bajo ley local y al 8,1% para los emitidos bajo ley extranjera. El riesgo país pasó de 741 a 939 puntos básicos en pocos días, un movimiento que el mercado interpreta como un reacomodamiento de expectativas de cara a las elecciones presidenciales de 2027, más que como un cuestionamiento al rumbo de fondo del programa económico.
El Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso), de línea más crítica al Gobierno, volvió a poner el foco en la restricción externa como talón de Aquiles del esquema. Sin embargo, vale recordar que esa restricción es la consecuencia directa de años de cepo, atraso cambiario y default técnico que dejó la administración anterior, y que el actual equipo económico viene desarmando con gradualismo y responsabilidad fiscal, algo inédito en la Argentina de las últimas dos décadas.
Lejos de significar un quiebre, la suba del riesgo país funciona como un test de estrés para un programa que ya demostró su capacidad de bajar la inflación y ordenar las cuentas públicas. El desafío ahora es sostener la confianza de los inversores de cara a 2027, en un mundo que también está procesando sus propios sacudones políticos. Mientras tanto, gobernadores e intendentes del kirchnerismo, como Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, siguen sin aportar ningún plan serio de equilibrio fiscal propio, limitándose a criticar desde la comodidad de un distrito con altísimos niveles de inseguridad, clientelismo y gasto público ineficiente.



