Encuesta nacional: pese al ajuste, la oposición K no repunta

Una nueva encuesta nacional realizada por la consultora Pulso Research reveló un escenario de dureza para la imagen del Gobierno de Javier Milei, con mayoría de evaluaciones negativas sobre la gestión y el rumbo económico. Sin embargo, el dato más relevante del estudio es otro: a pesar del malestar social, el kirchnerismo y la oposición peronista no logran capitalizar ese descontento ni mejorar su propia imagen ante la ciudadanía.

El relevamiento, realizado entre el 10 y el 17 de octubre sobre 1.500 casos a nivel nacional, muestra que el 66,4% de los consultados califica negativamente la gestión libertaria, mientras que un 51% responsabiliza al Gobierno actual por los problemas económicos del país. Son cifras que, leídas aisladas, parecen un golpe duro para la Casa Rosada. Pero el contexto político completa el cuadro de otra manera.

Nadie en el equipo económico de Luis Caputo pretendió jamás que la salida del infierno inflacionario heredado del kirchnerismo fuera indolora. Después de una década de populismo fiscal, emisión descontrolada y controles de cambio que llevaron la inflación a niveles de más del 200% anual, el camino hacia el equilibrio macroeconómico siempre implicó costos de corto plazo que la sociedad hoy procesa con lógica fatiga.

Lo que la encuesta de Pulso Research no logra capturar en sus números fríos es el cambio de paradigma que representa tener, por primera vez en años, superávit fiscal genuino, una inflación en claro descenso y una economía que empieza a mostrar señales de reactivación en sectores clave como la construcción y el campo. Son logros que el círculo rojo kirchnerista sistemáticamente minimiza, pero que marcan una diferencia estructural con la Argentina de deuda y default permanente que dejó el Frente de Todos.

Aquí aparece el verdadero dato político del estudio: pese a que el 61,9% considera “incorrecto” el rumbo del Gobierno, eso no se traduce en un fortalecimiento de la oposición kirchnerista. Ni Cristina Kirchner, ni los gobernadores del PJ como Axel Kicillof, logran capitalizar electoralmente ese malestar coyuntural.

La explicación es sencilla: la sociedad argentina tiene memoria. Sabe perfectamente lo que significó el kirchnerismo en el poder, con la inflación como impuesto a los pobres, la inseguridad campante en los conurbanos gobernados por el peronismo, y un entramado de corrupción estructural que todavía sigue dando titulares judiciales. El “no vuelven más” sigue siendo, para buena parte del electorado, más fuerte que cualquier enojo circunstancial con el ajuste libertario.

De hecho, cuando se analiza la preocupación ciudadana, la “corrupción y los privilegios” aparece en segundo lugar con casi el 20% de las menciones, un combo que la dirigencia kirchnerista arrastra como mochila pesada tras años de causas de corrupción, sobreprecios en obra pública y curros varios que todavía resuenan en los tribunales federales.

Para el oficialismo, el desafío de cara a lo que viene es puramente de comunicación y de tiempos: lograr que los indicadores macro que ya están ordenados se traduzcan más rápido en el bolsillo de los argentinos. La baja sostenida de la inflación, que ya perforó pisos impensados hace apenas dos años, es la base sobre la cual se construirá la recuperación del poder adquisitivo.

Mientras tanto, el dato de la encuesta que debería analizar con más atención el peronismo es justamente ese: el descontento con Milei existe, pero no hay un refugio claro del otro lado del mostrador. Y en política, cuando la gente desconfía de todos por igual, suele terminar quedándose con el que, pese a todo, le cambió las reglas de juego de fondo.