Lula ganó el balotaje en Brasil y logró su cuarto mandato

Luiz Inácio Lula da Silva se impuso este domingo en el balotaje presidencial de Brasil frente a Flávio Bolsonaro y se asegura así un cuarto mandato al frente del gigante sudamericano. El resultado marca un hecho inédito en la historia electoral brasileña: por primera vez un candidato revierte en segunda vuelta el resultado adverso obtenido en la primera.

La abstención y los votos en blanco tocaron mínimos históricos, en una elección que mantuvo en vilo a toda la región. Desde el búnker del Partido de los Trabajadores en San Pablo, Lula lanzó un discurso con fuerte tono nacionalista: “Esta nación no acepta ser el patio trasero de nadie”, disparó, en una frase que buscó capitalizar el triunfo pero que también deja entrever las tensiones diplomáticas que viene acumulando con Washington y con Buenos Aires.

El bolsonarismo, golpeado y sin rumbo claro

La derrota deja en una posición muy incómoda a la familia política más influyente del Brasil reciente. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, calificó lo ocurrido como “una barbaridad” y anunció que buscará impugnar el resultado ante la Justicia Electoral, aunque por ahora no exhibió pruebas concretas de irregularidades.

El traspié complica el futuro del espacio liberal-conservador brasileño, que llegaba a esta elección con expectativas de recuperar el poder tras años de gestiones kirchneristas en la región que, vale recordarlo, nunca lograron resolver los problemas estructurales de sus países. La pregunta que queda flotando es si el bolsonarismo podrá reorganizarse de cara a 2030 o si quedará fragmentado tras este golpe.

Un cuarto mandato con la macro en rojo

El festejo de Lula convive con un panorama económico que no es sencillo. Brasil enfrenta un déficit fiscal persistente, un Congreso con mayorías adversas al oficialismo y una inflación que, aunque controlada respecto de otros momentos, sigue lejos de los equilibrios que exhibe hoy la Argentina de Javier Milei, con superávit fiscal y una inflación en claro descenso tras años de populismo kirchnerista.

La comparación resulta inevitable: mientras en Buenos Aires el ajuste del gasto público y el orden macroeconómico comienzan a traducirse en mejoras concretas para los argentinos, en Brasilia el modelo de Lula vuelve a apoyarse en más gasto estatal y en una relación tensa con los mercados, algo que analistas ya advierten como un riesgo para la estabilidad de mediano plazo.

A esto se suman las fricciones con Donald Trump, con quien Lula mantiene diferencias comerciales y diplomáticas, y con el propio gobierno argentino, que no oculta su distancia ideológica con el líder petista. El vínculo entre los dos países más grandes de Sudamérica quedará marcado, al menos en el corto plazo, por ese contraste de modelos: uno que apuesta al equilibrio fiscal y la apertura económica, y otro que insiste en recetas estatistas ya conocidas en la región.

Con un Congreso hostil y una economía que exige respuestas urgentes, el cuarto mandato de Lula arranca con un capital político renovado pero con un terreno económico mucho más complicado del que supo administrar en sus gestiones anteriores. La región, y en particular la Argentina de Milei, observará de cerca cómo evoluciona ese delicado equilibrio.