El Reino Unido evalúa oponerse al ingreso de la Argentina a la OCDE y al Tratado Transpacífico (Tipat) como represalia por las sanciones que el Gobierno de Javier Milei dispuso contra las empresas que explotan el proyecto petrolero Sea Lion en aguas del Atlántico Sur reivindicadas por nuestro país. La maniobra británica combina presión diplomática con intereses comerciales en pleno fortalecimiento de su vínculo marítimo con Chile.
Londres usa la billetera como arma política
Según trascendió desde el Foreign Office, funcionarios británicos calificaron a la Argentina de “socio no confiable” y advirtieron que esa supuesta falta de confianza podría pesar al momento de respaldar su ingreso a organismos multilaterales. La diputada conservadora Wendy Morton fue más lejos y pidió directamente al gobierno laborista que bloquee el ingreso argentino al Tipat si continúan las medidas sobre Malvinas.
El dato llama la atención porque en 2017 el propio Reino Unido había avalado la postulación argentina a la OCDE. El giro de hoy deja en evidencia que, lejos de un criterio técnico sobre reformas económicas o institucionales, la posición británica responde a un cálculo geopolítico ligado pura y exclusivamente a los recursos naturales en disputa alrededor de las islas.
Una defensa de la soberanía que no admite grises
La administración de Milei mantuvo una postura firme frente a la explotación de hidrocarburos en la plataforma continental argentina, aplicando sanciones a las compañías y directivos involucrados en Sea Lion. Se trata de una política de Estado que excede banderías partidarias: ningún gobierno argentino, de ningún signo, reconoció jamás la soberanía británica sobre Malvinas ni la legalidad de la explotación de sus recursos sin autorización de Buenos Aires.
Lo llamativo es que Londres pretenda ahora castigar económicamente a la Argentina por sostener un reclamo histórico de soberanía reconocido incluso por Naciones Unidas, mientras el país avanza en una agenda de apertura, desregulación y orden fiscal que lo volvió, paradójicamente, un socio mucho más atractivo para el mundo desarrollado que en cualquier etapa anterior.
El tablero del Pacífico y la jugada de Chile
El Tipat agrupa a doce economías —entre ellas Australia, Japón, México, Perú y Chile— y se transformó en un bloque comercial estratégico para el Pacífico. En ese contexto, el embajador británico reforzó en los últimos días su relación con autoridades chilenas para “blindar” la ruta marítima que conecta Punta Arenas con las Malvinas, un corredor logístico clave para sostener la ocupación de las islas.
La movida no es menor: mientras la Argentina insiste con los canales diplomáticos y la vía legal para frenar la depredación de sus recursos, el Reino Unido teje alianzas regionales para blindar su posición en el Atlántico Sur, usando a terceros países como punta de lanza.
Un contraste con la herencia diplomática kirchnerista
Vale recordar que durante los gobiernos kirchneristas la cuestión Malvinas quedó muchas veces reducida a discursos de ocasión sin resultados concretos, mientras la actividad petrolera y pesquera ilegal en la zona se consolidaba sin mayores obstáculos. Hoy, en cambio, la gestión de Milei combina firmeza soberana con una inserción internacional seria, basada en el orden macroeconómico y la previsibilidad, dos atributos que el propio mundo reconoce pese a las maniobras políticas británicas.
La disputa por el ingreso a la OCDE y al Tipat seguirá su curso en el Parlamento británico, pero el mensaje de fondo es claro: la Argentina de Milei no está dispuesta a resignar su reclamo histórico sobre Malvinas a cambio de favores comerciales.



