El consumo argentino muestra una recuperación fragmentada en agosto y los primeros días de septiembre, con mejoras concretas en patentamientos de autos y motos, pero con las ventas minoristas y el crédito todavía rezagados. Así lo refleja el “Semáforo de consumo” de la Fundación ECOSUR, que monitorea 21 indicadores del gasto de los hogares y detecta una fotografía heterogénea tras el bache de julio.
El informe privado señala que en julio 16 de las 18 variables disponibles cayeron, en línea con la contracción mensual del 2,9% del EMAE del INDEC, afectado por factores puntuales. En agosto, en cambio, ocho de los 12 indicadores relevados ya mostraron mejoras, y en septiembre, con datos todavía parciales, tres de cinco variables resultaron positivas. La tendencia, aunque gradual, apunta hacia la recuperación.
Autos, motos e importaciones lideran la mejora
Los patentamientos de vehículos crecieron 8,9% mensual en agosto y los de motos avanzaron 4,3%, revirtiendo parte de la caída de julio, cuando los 0km habían retrocedido 9%. Las importaciones de bienes de consumo saltaron 10,3% tras el derrumbe del 11,9% del mes anterior, un dato que confirma que la apertura comercial y la estabilidad del dólar están devolviendo previsibilidad a las decisiones de compra de las familias y las empresas.
También hubo señales alentadoras en la mesa de los argentinos: el consumo de carne aviar subió 5,7%, el de carne porcina 2,9% y la leche fluida 0,9%, mientras que la leche en polvo, que había caído 8,2% en julio, logró estabilizarse con una leve suba del 0,7%. Las ventas de combustibles, por su parte, aumentaron 4,1%, un indicador que suele anticipar mayor movimiento económico y circulación de bienes.
El crédito, la asignatura pendiente de un proceso ordenado
El punto más débil sigue siendo el financiamiento al consumo, que no logra despegar pese a la fuerte baja de la inflación lograda por la gestión de Javier Milei. Es natural que, después de la salida del cepo y en pleno proceso de desarme de los desequilibrios heredados del kirchnerismo, el sistema bancario avance con cautela antes de acelerar la oferta crediticia a las familias.
Conviene recordar el punto de partida: la Argentina que recibió este gobierno tenía inflación de tres dígitos, reservas negativas y un Banco Central quebrado por años de emisión descontrolada del kirchnerismo. Ordenar esa herencia exige tiempo, y el propio informe de ECOSUR confirma que la tendencia de fondo ya cambió: de 16 indicadores en caída en julio se pasó a una mayoría en recuperación en agosto, con septiembre consolidando esa mejora.
La estabilidad macroeconómica, el superávit fiscal sostenido y una inflación que sigue bajando mes a mes son el terreno sobre el cual el consumo privado necesita apoyarse para despegar de manera firme. A diferencia de los veranos de consumo artificial financiados con emisión que caracterizaron a los gobiernos peronistas, la recuperación actual se construye sobre bases sanas, sin atajos ni maquillaje estadístico.
Mientras en la Nación se consolida el orden macroeconómico, en distritos como la provincia de Buenos Aires la gestión de Axel Kicillof sigue sin mostrar resultados en inversión productiva ni en seguridad, lo que también condiciona el ánimo de consumo de millones de bonaerenses. La comparación entre un modelo que ordena las cuentas y otro que administra la decadencia vuelve a quedar en evidencia.
Los analistas coinciden en que, de sostenerse la desinflación y la recomposición salarial en términos reales, el consumo debería ir normalizándose en los próximos meses, acompañando la mejora que ya se percibe en la confianza del consumidor pese al escepticismo instalado por años de default discursivo kirchnerista sobre la economía argentina.



