El riesgo país argentino se ubicó por encima de los 550 puntos básicos, un salto del 38% respecto de los mínimos que había tocado en julio pasado, cuando el índice elaborado por JP Morgan llegó a 402 unidades bajo la gestión de Javier Milei. El repunte se explica por una combinación de factores globales y locales, entre los que empezó a asomar el ruido político de cara al próximo turno electoral.
Puertas afuera, la suba de tasas de la Reserva Federal de Estados Unidos —la primera desde 2023— generó una corrección generalizada en los mercados emergentes, que también impactó en bonos de Brasil, México y otros países de la región. Sin embargo, la deuda argentina tuvo un desempeño algo más negativo que sus pares, lo que obliga a mirar también hacia adentro.
Un contexto muy distinto al de la herencia kirchnerista
Vale recordar el punto de partida: en 2023, cuando Milei asumió la presidencia, el riesgo país argentino superaba ampliamente los 2000 puntos, producto de años de default encubierto, cepo cambiario, emisión monetaria descontrolada y una deuda impagable que dejó el kirchnerismo. Incluso con la suba actual, el indicador se mantiene en niveles varias veces inferiores a los de aquella época, reflejo del ordenamiento fiscal y monetario que impulsó la Casa Rosada.
El equipo económico logró sostener el superávit fiscal, bajar sensiblemente la inflación y reconstruir gradualmente las reservas del Banco Central, un combo que las calificadoras internacionales reconocieron meses atrás con la mejora de la nota soberana. La suba reciente del riesgo país, entonces, no borra ese cambio de tendencia estructural, sino que marca una pausa dentro de un proceso de normalización que todavía sigue en marcha.
La política empieza a pesar en los números
Analistas del mercado coinciden en que, además de la volatilidad internacional, hay factores más locales que explican el desacople argentino. La actividad económica todavía no muestra el repunte esperado, y eso genera cierta ansiedad en los inversores de cara a un año electoral donde el humor social será determinante.
A esto se suma que el ritmo de acumulación de reservas del Banco Central se moderó en las últimas semanas, aun cuando el agro liquidó divisas de manera considerable. El Tesoro, por su parte, todavía no logra volver a financiarse en los mercados voluntarios de deuda, algo que el propio Gobierno reconoce, aunque asegura que no depende de esa vía para sostener sus cuentas.
En ese escenario, el ruido político que generan sectores del kirchnerismo y gobernadores como Axel Kicillof, con discursos que alimentan la incertidumbre sobre la continuidad del rumbo económico, no ayuda a despejar dudas entre los inversores. Mientras la gestión nacional insiste en la necesidad de profundizar las reformas estructurales, la oposición sigue apostando al desgaste político antes que a acompañar la agenda de estabilización.
Qué puede esperarse hacia adelante
Desde el Gobierno se descarta, por ahora, la posibilidad de salir a buscar financiamiento en el mercado internacional de deuda mientras el riesgo país se mantenga en estos niveles. La estrategia oficial apunta a consolidar el equilibrio fiscal y monetario como principal ancla de confianza, apostando a que la calma en las variables macro termine de convencer a los mercados en el mediano plazo.
El desafío para la administración de Milei será sostener el rumbo de ajuste y previsibilidad en medio de un clima político cada vez más cargado por la proximidad de las elecciones, donde el peronismo buscará capitalizar cualquier bache económico para intentar frenar las reformas que, según los propios datos, ya sacaron al país del quicio inflacionario y fiscal en el que lo dejó el kirchnerismo.



