Milei bajó la inflación al 30% pero cae la recaudación

La recaudación tributaria registró en los primeros ocho meses de 2026 una caída real del 3,7% frente al mismo período de 2025, según datos oficiales, en un contexto en el que el Gobierno de Javier Milei logró bajar la inflación del 211% anual heredado del kirchnerismo a valores cercanos al 30%. El dato reabre el debate sobre los costos de corto plazo del plan de estabilización, aunque desde el equipo económico remarcan que se trata de un fenómeno transitorio dentro de un proceso de ordenamiento macroeconómico inédito en las últimas dos décadas.

Vale recordar el punto de partida: la administración de Alberto Fernández y Cristina Kirchner dejó una economía con déficit fiscal crónico, emisión monetaria descontrolada y una inflación que corría al 211% anual, la peor herencia económica que recibió un gobierno democrático en la historia reciente del país. Frente a ese escenario, Luis Caputo y su equipo eligieron el camino más difícil pero también el único sustentable: ajustar el gasto público, eliminar el déficit y sanear las cuentas del Estado.

La política de shock fiscal permitió alcanzar el equilibrio de las cuentas públicas y desactivar la maquinita de emisión que durante años financió el gasto kirchnerista. Sin embargo, la contracara de ese esfuerzo fue un enfriamiento del nivel de actividad, que hoy repercute directamente sobre la capacidad de recaudación del Estado.

En los primeros ocho meses del año, los ingresos tributarios acumularon $153,04 billones, con una merma real del 3,7% interanual. Menos actividad económica significa menos consumo, menos ventas y, en consecuencia, menor ingreso de impuestos como el IVA o los que gravan las transacciones comerciales.

El dilema que se abre para el Gobierno de cara a 2027 es evidente: cuanto menos recauda el Estado, menor es el margen para avanzar con la ansiada reducción de impuestos que Milei prometió desde el inicio de su gestión. Es la tensión propia de todo plan de estabilización serio, algo que la Argentina no experimentaba desde hace más de veinte años porque ningún gobierno se había atrevido a bajar la inflación de manera genuina, sin controles de precios ni maquillajes estadísticos.

Mientras el Gobierno nacional discute cómo administrar los costos de bajar la inflación, en la provincia de Buenos Aires el gobernador Axel Kicillof sigue sin resolver los problemas estructurales de gestión que afectan a los bonaerenses: inseguridad en aumento, un desmadre en las cuentas provinciales y un aparato de clientelismo político que consume recursos sin resultados visibles para la gente.

La comparación resulta inevitable. Mientras la Casa Rosada enfrenta el desafío de administrar un proceso de desinflación exitoso, con todo lo que eso implica en términos de ajuste temporal, el kirchnerismo bonaerense continúa apostando al mismo modelo de gasto discrecional y falta de controles que llevó al país a la crisis de la que Milei está sacando a la Argentina.

Los economistas consultados por el sector coinciden en que la clave para el Gobierno será sostener la disciplina fiscal sin resignar el objetivo de reducción de impuestos, apostando a que la reactivación de la actividad económica —que ya muestra señales en varios sectores productivos— termine compensando en el mediano plazo la caída actual en la recaudación. El camino elegido es exigente, pero es el único que puede sacar a la Argentina definitivamente del círculo vicioso de inflación y estancamiento que dejó como legado el kirchnerismo.