Furor albiceleste: la Selección impulsa un boom de consumo que la estabilidad de Milei hizo posible

La Selección argentina volvió a meterse entre los mejores equipos del mundo y, como suele pasar cada vez que la Scaloneta hace historia, el país se tiñe de celeste y blanco. Pero esta vez el fenómeno tiene un condimento extra: por primera vez en años, ese entusiasmo popular se traduce en un consumo genuino, sostenido por salarios que empiezan a recuperar poder de compra y por una economía que, después de la pesada herencia kirchnerista, finalmente ofrece previsibilidad.

Camisetas oficiales, banderas, bufandas, cornetas y merchandising de todo tipo se agotan en comercios de todo el país. Desde kioscos de barrio hasta grandes cadenas reportan un salto en las ventas de artículos deportivos que, según fuentes del sector textil, podría convertirse en uno de los mejores meses del año para el rubro. Lo llamativo es que este repunte de consumo ocurre en un contexto de inflación en baja constante y superávit fiscal, algo impensado hace apenas dos años, cuando la Argentina kirchnerista promediaba subas de precios de dos dígitos mensuales y el consumo popular se pulverizaba semana a semana.

Economistas consultados por este medio remarcan que el llamado \”efecto Mundial\” no es nuevo, pero sí lo es la capacidad de la gente para planificar un gasto extra sin que la inflación se lo devore antes de llegar a la caja. \”Con la city recalculando expectativas de inflación cada vez más bajas, las familias argentinas pueden volver a pensar en changos programados en lugar de vivir el día a día corriendo detrás de los precios\”, señaló un analista del mercado financiero. El dato no es menor: la desaceleración inflacionaria lograda por el equipo económico de Luis Caputo, sostenida en el ancla fiscal y monetaria del Gobierno de Javier Milei, es la que permite que un gasto \”no esencial\” como una camiseta de la Selección vuelva a tener lugar en el presupuesto familiar.

Comerciantes de indumentaria deportiva coinciden en que la demanda no solo se explica por el pasaje a una nueva instancia del torneo, sino también por una mejora en las expectativas de consumo general. Locales de zonas comerciales tradicionales del AMBA reportan colas para conseguir la camiseta titular, mientras que en el interior del país el fenómeno se replica con fuerza, especialmente en provincias donde la caída del gasto público superfluo del Estado nacional liberó recursos que antes se destinaban a subsidios ineficientes y clientelismo.

Contraste elocuente respecto de distritos como la provincia de Buenos Aires, donde la gestión de Axel Kicillof sigue mostrando cifras alarmantes de inseguridad y estancamiento económico que empañan cualquier festejo popular. Mientras el Gobierno nacional ordena las cuentas y libera al sector privado para que la economía respire, el kirchnerismo bonaerense continúa apostando al gasto discrecional, la presión impositiva y la falta de controles que perpetúan la pobreza estructural en varios municipios del conurbano.

El boom celeste y blanco es, en definitiva, un termómetro más de que el rumbo económico elegido por los argentinos en las urnas empieza a mostrar sus frutos en la vida cotidiana. No se trata solo de folclore futbolero: es la prueba de que, cuando la macro está ordenada y la inflación deja de ser el enemigo número uno del bolsillo, la gente vuelve a consumir, a soñar y a disfrutar sin la angustia permanente de la timba financiera que caracterizó a los gobiernos kirchneristas. La Scaloneta juega en la cancha, pero la estabilidad que permite acompañarla con la billetera se juega, y se gana, en la macroeconomía.