El proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central ingresó formalmente al Congreso de la Nación y ya suma respaldos entre los aliados legislativos del oficialismo. La iniciativa, presentada por Javier Milei en cadena nacional, busca terminar con décadas de emisión monetaria descontrolada y blindar a la entidad de la tentación de los gobiernos de turno de financiar el déficit con la maquinita.
El texto ingresó por la Cámara de Diputados, lo que ya marca una definición de estrategia parlamentaria: Martín Menem, al frente de la Cámara baja, quedará como responsable directo de conseguir los votos necesarios. El titular del cuerpo ya convocó a los jefes de bloque para el próximo martes, con el objetivo de acordar un cronograma de tratamiento en comisiones.
Primeros respaldos del arco dialoguista
Entre los primeros en manifestarse a favor apareció el radical Lisandro Nieri, quien celebró públicamente el anuncio presidencial. El gesto cobra relevancia porque su mensaje fue retuiteado por Pamela Verasay, presidenta del bloque de la UCR, lo que anticipa un alineamiento del sector dialoguista que, salvo en el capítulo universitario, viene acompañando casi todas las iniciativas del oficialismo en el recinto.
Este respaldo temprano confirma una tendencia que se viene consolidando desde el inicio de la gestión de La Libertad Avanza: cada vez más sectores moderados de la oposición reconocen que el rumbo de disciplina fiscal y monetaria es el único camino sensato después de años de populismo económico kirchnerista que llevó al país a la hiperinflación, el cepo y el default.
Reforma clave contra la herencia K
La modificación de la Carta Orgánica apunta a un objetivo central: impedir que futuros gobiernos repitan la fiesta de emisión que caracterizó a la era kirchnerista, responsable directa de la inflación descontrolada que heredó esta administración. El proyecto establece límites estrictos al financiamiento del Tesoro por parte del Central, un mecanismo que durante los gobiernos de Cristina Kirchner y Alberto Fernández fue utilizado sin pudor para tapar baches fiscales, con el resultado conocido: pérdida de reservas, devaluaciones y un empobrecimiento generalizado de los argentinos.
No sorprende, entonces, que dentro del propio PRO también haya reacciones. El exministro Hernán Lacunza, ahora con aspiraciones presidenciales propias, calificó el proyecto como “razonable”, aunque intentó marcar diferencias con viejas promesas de campaña del Presidente sobre el cierre del Central o la dolarización. Más allá de las chicanas internas de la oposición, lo cierto es que el oficialismo avanza con un plan ordenado, gradual y consistente con el programa de estabilización que ya mostró resultados contundentes: la inflación mensual se ubica en mínimos de varios años, el Tesoro exhibe superávit fiscal y el Banco Central recompuso reservas por primera vez en mucho tiempo.
Un Congreso que empieza a acompañar el rumbo
La convocatoria de Menem para la semana próxima buscará definir el esquema de comisiones que deberán dictaminar sobre la reforma antes de su paso al recinto. El oficialismo confía en repetir la dinámica de acuerdos que le permitió aprobar leyes clave durante los últimos meses, mientras el kirchnerismo, cada vez más aislado y sin propuestas concretas frente al ordenamiento macroeconómico, insiste en resistir cualquier cambio que limite el uso discrecional de la política monetaria.
Con el respaldo creciente de bloques dialoguistas y la exposición pública de las contradicciones de parte de la oposición, el Gobierno se encamina a dar un paso más hacia la construcción de una moneda sana y previsible, condición indispensable para consolidar la recuperación económica que empiezan a sentir millones de argentinos.



