La Real Academia Sueca de Ciencias otorgó este año el Premio Nobel de Economía a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt, tres economistas cuyas investigaciones redefinieron el estudio del crecimiento económico basado en la innovación. El reconocimiento, centrado en el concepto de “destrucción creativa” y en la dinámica mediante la cual nuevas tecnologías reemplazan a las antiguas, despertó inmediatas repercusiones en Argentina, donde incluso el presidente Javier Milei reivindicó el enfoque premiado. “En los últimos 200 años, el mundo experimentó un crecimiento económico sin precedentes. Su base es el flujo constante de innovación tecnológica; el crecimiento económico sostenido se produce cuando las nuevas tecnologías reemplazan a las antiguas”, explicó la academia al anunciar a los ganadores.
Joel Mokyr, profesor en Northwestern University y en la Universidad de Tel Aviv, relató que se enteró del premio al abrir su computadora y encontrar el mensaje: “¡Felicitaciones!”. Su trabajo analiza las condiciones que permitieron que el crecimiento sostenido emergiera tras la Revolución Industrial, entre ellas la interacción entre ciencia y tecnología y la aceptación social del cambio. El historiador económico destaca que el proceso tecnológico “no solo crea ganadores, también crea perdedores”, y que la resistencia a la innovación suele provenir de sectores que ven amenazados sus privilegios. Mokyr subraya que instituciones como el Parlamento británico fueron decisivas para facilitar “compromisos mutuamente beneficiosos”, capaces de amortiguar los conflictos generados por los avances técnicos.
Por su parte, Philippe Aghion y Peter Howitt fueron reconocidos por el modelo matemático que presentaron en 1992, el cual describe cómo las empresas innovan para desplazar a competidores y liderar mercados, dando lugar a un ciclo continuo de creación y obsolescencia. Según su planteo, el crecimiento surge por “destrucción creativa” porque se basa en la innovación, pero es “destructivo” porque vuelve obsoletos productos y tecnologías previas. Ambos economistas, con trayectorias académicas en instituciones como el Collège de France, INSEAD, LSE y Brown University, influyeron en debates contemporáneos sobre productividad, poder de mercado y regulación, especialmente en un contexto marcado por tecnologías como la inteligencia artificial, que probablemente produzcan “muchos perdedores”.
El Comité del Nobel destacó que “de diferentes maneras, los galardonados muestran cómo la destrucción creativa genera conflictos que deben gestionarse de manera constructiva. De lo contrario, la innovación se verá bloqueada por empresas consolidadas y grupos de interés que corren el riesgo de verse perjudicados”. Sus conclusiones dialogan con un debate vigente en numerosos países, incluido Argentina, donde el anuncio reavivó discusiones políticas y académicas. Milei celebró el fallo en sus redes sociales: “Ganó el crecimiento económico…!!! Ganaron los tecno-optimistas y los neoschumpeterianos que creen en la destrucción creativa como el camino para alcanzar el desarrollo…”. También recordó cuando, meses atrás, afirmó que podría obtener él mismo un Nobel si lograba avanzar en su reescritura teórica junto a Demian Reidel.
Sin embargo, la celebración presidencial abrió discusiones entre economistas locales que señalan que los neoschumpeterianos —influenciados por Joseph Schumpeter— son corrientes consideradas “heterodoxas” y distantes de la tradición austríaca a la que adscribe Milei. En medio de la controversia, Martín Guzmán celebró uno de los premios más personalmente: “Grande Peter”, escribió sobre Howitt, quien dirigió su tesis doctoral. El debate se profundizó cuando el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, interpretó un trabajo de Aghion —distinto al premiado— para argumentar que si una empresa está lejos de la frontera tecnológica, la competencia excesiva reduce sus incentivos a innovar y la lleva a preferir “cerrar la economía”. “Mañana, cuando discutamos en Diputados el proyecto de los kukas para prohibir y dificultar la importación de maquinaria usada, estaremos demostrando la vigencia de este último efecto”, apuntó, en alusión a un proyecto que busca proteger sectores industriales nacionales.
Economistas como Juan Carlos Hallak y Eduardo Levy Yeyati respondieron con matices, señalando que el enfoque de Aghion y Howitt contempla la necesidad de “graduar” la exposición competitiva mientras políticas complementarias —educación, crédito, infraestructura, investigación y desarrollo— acercan a un país a la frontera tecnológica. “Dos caras de una misma teoría”, resumió Levy Yeyati. Así, el Nobel de Economía no solo reconoció décadas de investigación sobre la innovación, sino que también volvió a poner en escena un debate central sobre el rumbo productivo, la competencia y las estrategias para impulsar el desarrollo en países como Argentina.





