Sam Altman: del joven expulsado de Stanford al magnate que disputa el poder tecnológico global

La trayectoria de Sam Altman, uno de los nombres más influyentes del ecosistema tecnológico actual, sintetiza como pocas la transformación de Silicon Valley en la última década. Formado en Stanford, expulsado por su ambición y hoy convertido en multimillonario, Altman se consolidó como el símbolo del nuevo poder que emana de la inteligencia artificial. Cofundador de OpenAI junto con Elon Musk y principal rostro de la IA generativa, su ascenso está marcado por innovaciones, tensiones personales y la competencia con el fundador de Tesla, uno de los hombres más ricos del planeta.

Nacido en 1985 en un suburbio de San Luis, Missouri, Altman creció en un hogar de clase media con una médica dermatóloga como madre. Su primera computadora llegó cuando tenía apenas ocho años, un hito que definió su vida profesional. En entrevistas previas, él mismo ha contado que Internet se convirtió en su refugio para sobrellevar su homosexualidad en un entorno conservador. Su paso por Stanford fue breve: dejó la carrera de informática para crear Loopt, una aplicación de geolocalización pionera que vendió en 2012 por US$ 43 millones. A los 27 años, ese movimiento lo posicionó definitivamente dentro del radar del sector tecnológico.

El salto clave llegaría en 2014, cuando asumió la presidencia de Y Combinator, una de las aceleradoras más influyentes del mundo y cuna de empresas como Airbnb, Stripe y Dropbox. Desde ese rol amplió las fronteras de inversión hacia la biotecnología, la energía y la inteligencia artificial. De estética sencilla —remera, jean, zapatillas— pero con una mirada estratégica implacable, Altman combinaba carisma con un perfil obsesivo, rasgos que lo catapultaron al núcleo del poder innovador.

En 2015 fundó OpenAI junto a Elon Musk, Peter Thiel y Reid Hoffman bajo una premisa ambiciosa y altruista: crear inteligencia artificial “para el beneficio de la humanidad”. Sin embargo, la compañía cambió de rumbo al adoptar un modelo menos abierto y asociarse con Microsoft, que invirtió miles de millones de dólares y convirtió a OpenAI en el centro de su estrategia corporativa. Ese giro profundizó la ruptura con Musk, que acusó a Altman de desvirtuar el espíritu original del proyecto. Altman respondió sin mencionarlo directamente, pero apuntando fuerte: el empresario de Tesla, dijo, “odia perder”. Hoy, su fortuna personal supera los mil millones de dólares, impulsada también por proyectos en energía de fusión y biotecnología.

El impacto de su trabajo se hizo global con el lanzamiento de ChatGPT, que modificó la forma en que millones de personas buscan información. Si bien Google sigue procesando cerca de 14.000 millones de búsquedas diarias, ChatGPT logró un punto de inflexión: en agosto de 2025, el 95,3% de los usuarios de ChatGPT también visitaron Google, pero solo el 14,3% de los usuarios de Google pasaron por ChatGPT. El dato muestra que el chatbot logró quitarle a la empresa de Mountain View una fracción de usuarios que antes iniciaban sus búsquedas exclusivamente allí, algo que hasta 2022 parecía impensado.

Altman no oculta su visión grandilocuente sobre el futuro. “Lo que haremos en los próximos 100 años superará todo lo que hemos hecho desde que inventamos la rueda”, escribió en 2021, una frase que funciona como manifiesto de su fe tecnológica: una creencia casi mesiánica en el progreso y en la capacidad de la IA para transformar radicalmente la experiencia humana.

Pero esa mirada convive con un costado más oscuro. Altman sostiene la teoría del “internet muerto”, que plantea que, en un mundo saturado de contenidos generados por bots y sistemas automáticos, buena parte de lo que circula ya no es auténtico. Ese diagnóstico lo llevó a afirmar que la red se volvió un espacio “cada vez más degradado y menos humano”. La paradoja, señalan sus críticos, es que él mismo habría acelerado esa tendencia al popularizar la IA generativa: un océano de “contenidos vacíos, similares entre sí y sin un rasgo de humanidad”, que redefine —y amenaza— el ecosistema digital que lo convirtió en estrella.