Argentina negocia en Washington para mitigar el aumento al 50% de aranceles al acero y aluminio impuesto por Estados Unidos

Una misión oficial argentina se encuentra en Washington con el objetivo de avanzar en un acuerdo que reduzca los aranceles recíprocos con Estados Unidos, y ahora enfrenta el desafío adicional de negociar la reciente duplicación de los gravámenes al acero y aluminio, que la administración de Donald Trump elevó al 50%. Esta medida, anunciada sorpresivamente este miércoles, impacta de manera directa a las exportaciones argentinas de esos metales, que en 2024 superaron los 600 millones de dólares, siendo el aluminio el producto más representativo.

La delegación argentina está encabezada por el embajador Luis María Kreckler, encargado de temas comerciales en Cancillería, junto con Pablo Lavigne, secretario de Industria y Comercio, y Carolina Cuenca, subsecretaria de Comercio Exterior. Desde su llegada a Washington el lunes, mantuvieron encuentros en la Oficina del United States Trade Representative (USTR), el Departamento de Comercio y en la embajada argentina con el embajador Alec Oxenford y el equipo comercial. Bajo estrictas condiciones de confidencialidad, la misión busca cerrar un acuerdo que reduzca los aranceles mutuos al 0% en una lista de aproximadamente 50 productos. El USTR solicitó acelerar las negociaciones para que los acuerdos puedan estar firmados antes del 9 de julio, fecha límite establecida por Estados Unidos para la entrada en vigor de los nuevos aranceles.

El aumento al 50% afecta de forma especial a la industria argentina del aluminio y acero. Estados Unidos importa alrededor del 17% del acero que consume, mayormente desde países como Canadá, Brasil y México, mientras que el aluminio proviene principalmente de Canadá, Emiratos Árabes y China. Argentina es el octavo exportador de aluminio hacia EE.UU., con ventas que en 2024 alcanzaron los 500 millones de dólares, impulsadas principalmente por Aluar, la única productora nacional con una capacidad instalada de 460.000 toneladas, que destina cerca del 40% de su producción al mercado estadounidense. La Cámara del Aluminio expresó su preocupación, pero también manifestó confianza en que “las negociaciones que está llevando adelante el gobierno argentino puedan alcanzar resultados favorables, de modo de acotar el impacto sobre las empresas argentinas y mantener la continuidad de sus operaciones”.

La historia reciente muestra que no es la primera vez que Estados Unidos impone este tipo de gravámenes. En 2017, durante la primera gestión de Trump, se aplicaron aranceles a la importación de acero y aluminio, y tras un año de negociaciones con el entonces presidente Mauricio Macri, se estableció un cupo anual de 180.000 toneladas para la exportación de acero argentino. Este acuerdo quedó sin efecto con la actual escalada arancelaria, por lo que ahora el gobierno argentino espera que, aprovechando la buena relación política entre los gobiernos de Javier Milei y Donald Trump, se pueda cerrar un nuevo arreglo que permita evitar mayores perjuicios al sector industrial nacional.